sábado, 29 de marzo de 2014

Poeta de guardia XIV: "El Principito" (Saint Exupéry, la rosa y el zorro)

"Entonces apareció el zorro:
-Buenos días -dijo el zorro.
-Buenos días -respondió cortésmente el principito, que se dio vuelta pero no vio nada.
-Estoy acá -dijo la voz- bajo el manzano...
-¿Quién eres? –dijo el principito-.Eres muy lindo...
-Soy un zorro –dijo el zorro.
-Ven a jugar conmigo –le propuso el principito-. ¡Estoy tan triste!...
-No puedo jugar contigo –dijo el zorro–. No estoy domesticado.
-¡Ah! Perdón –dijo el principito.
Pero, después de reflexionar, agregó:
-¿Qué significa "domesticar"?
-No eres de aquí –dijo el zorro–. ¿Qué buscas?
-Busco a los hombres –dijo el principito-. ¿Qué significa "domesticar"?
-Los hombres –dijo el zorro- tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿Buscas gallinas?
-No –dijo el principito-. Busco amigos. ¿Qué significa "domesticar"?
-Es algo demasiado olvidado –dijo el zorro– Significa "crear lazos".
-¿Crear lazos?
-Sí -dijo el zorro-. Para mí no eres todavía más que un muchachito semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para tí más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo...
-Empiezo a comprender -dijo el principito-. Hay una flor... Creo que me ha domesticado (...)
-Mi vida es monótona. Cazo gallinas, los hombres me cazan. Todas las gallinas se parecen, y todos los hombres se parecen (...) Pero, si me domesticas, mi vida se llenará de sol (...) ¿Ves, allá, los campos de trigo? Yo no como pan. Para mí el trigo es inútil. Los campos de trigo no me recuerdan nada (...) Pero tú tienes cabellos color de oro. Cuando me hayas domesticado, ¡será maravilloso! El trigo dorado será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo...
El zorro calló y miró largo tiempo al principito.
-¡Por favor... domestícame ! –dijo.
-Bien lo quisiera –respondió el principito-, pero no tengo mucho tiempo. Tengo que encontrar amigos y conocer muchas cosas.
- Sólo se conocen las cosas que se domestican - dijo el zorro (...) 
Así el principito domesticó al zorro. Y cuando se acercó la hora de la partida:
-¡Ah! -dijo el zorro-. Voy a llorar.
-Tuya es la culpa –dijo el principito-. No deseaba hacerte mal pero quisiste que te domesticara... (...) Entonces, no ganas nada.
-Gano -dijo el zorro-, por el color del trigo.
Luego, agregó:
-Ve y mira nuevamente a las rosas. Comprenderás que la tuya es única en el mundo. Volverás para decirme adiós y te regalaré un secreto (...)
Y volvió hacia el zorro:
-Adiós –dijo.
-Adiós –dijo el zorro-. He aquí mi secreto. Es muy simple: no se ve bien sino con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.
-Lo esencial es invisible a los ojos –repitió el principito,  a fin de acordarse.
-El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
-El tiempo que perdí por mi rosa... -dijo el principito, a fin de acordarse". 
(Traducción: Bonifacio del Carril)
Dicen que Antoine Saint Exupéry se inspiró en el hijo de ocho años de Charles de Koninck, en cuya casa se alojó en 1942, para crear a su "Principito" de cabellos dorados y alborotados. Stacy Schiff, una de sus principales biógrafas, cita una primera referencia  en una crónica que Antoine Saint Exupéry envió desde Moscú en mayo de 1935, como corresponsal del Paris-Soir, durante un viaje en tren: "Me senté [frente a una] pareja [que dormía]. Entre el hombre y la mujer, un niño se había hecho lugar y se había dormido. Se dio vuelta en su sueño, y en la tenue luz de una lámpara vi su cara. ¡Qué cara adorable! Una fruta de oro había nacido de estos dos campesinos [...] Esta es la cara de un músico, me dije. Este es el niño Mozart. Esta es una vida llena de promesas hermosas. Los pequeños príncipes de las leyendas no son diferentes a este. Protegido, resguardado, cultivado, ¿en qué no se podría convertir este niño? Cuando por una mutación una nueva rosa nace en un jardín, todos los jardineros se regocijan. Aíslan a la rosa, la cuidan, la acogen".
Publicada en 1943, en inglés y en francés, por la editorial Reynal & Hitchcock, Gallimard no pudo hacer lo mismo hasta 1946, concluida la Segunda Guerra Mundial.
Curtido en las primeras líneas aéreas comerciales, entre las orillas de casi todos los continentes, el piloto que se encuentra con El Principito recoge el paisaje de su accidente en el Sahara en diciembre de 1935, cuando participaba en una prueba de velocidad París-Saigón junto con André Prévot, estrellándose cerca del valle de Wadi Natrun. Durante cuatro días resistieron una importante deshidratación y alucinaciones, hasta encontrarse en las dunas con un beduino que les salvó la vida. También se especula con que el personaje del zorro esté relacionado con un fénec o zorro del desierto  (los dibujos de Saint Exupéry parecen apoyar esta idea) que avistó al sur de Marruecos, en el Cabo Juby; o con su amiga íntima Silvia Hamilton Reinhardt.
Los ecos y resonancias de esta obra son extraordinarios y casi inagotables. Su lirismo, análisis e interpretación exceden con mucho una entrada de blog.
El texto seduce por su frescura y originalidad, en un periplo en alas de la poesía y de los sueños, a través de los territorios del simbolismo y de los grandes temas. Es un acierto donde cada palabra adquiere nuevos significados, cada situación se filtra y transforma nuestro ánimo.
"Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona grande. Tengo una seria excusa: esta persona grande es el mejor amigo que tengo en el mundo. Tengo otra excusa: esta persona grande puede comprender todo; hasta los libros para niños. Tengo una tercera excusa: esta persona grande vive en Francia, donde tiene hambre y frío. Tiene verdadera necesidad de consuelo. Si todas estas excusas no fueran suficientes, quiero dedicar este libro al niño que esta persona grande fue en otro tiempo.Todas las personas grandes han sido niños antes. (Pero pocas lo recuerdan.) Corrijo, pues, mi dedicatoria: A LEÓN WERTH, cuando era niño"Esta es la emocionante dedicatoria de "El Principito" a su mejor amigo desde 1931. 
El 31 de julio de 1944 por la noche, Antoine Saint Exupéry despegó de una base aérea en Córcega en un avión P-38, para efectuar un vuelo de reconocimiento.
Como "El Principito", no regresó.