martes, 18 de marzo de 2014

Wilfred Owen, un 18 de marzo


A finales de noviembre de 1917, Wilfred Owen había dejado atrás Craiglockhart y tres maravillosas semanas en Londres en las que había entrado en contacto con círculos que apreciaban su poesía, y también consigo mismo. Había aprovechado para visitar a Harold Monro en su Poetry Shop y comprar "Georgian Poetry 1916-1917". Estaba allí cuando llegaron ejemplares del nuevo libro de Robert Graves, "Fairies and Fusiliers".
Aunque no apto para el servicio en Francia,  Wilfred debía reunirse con su unidad, el 5th (Reserve) Manchester, cuya base se había trasladado a Scarborough. Allí se instruía a los nuevos reclutas y se recuperaba a los convalecientes. La población había sufrido ataques desde buques alemanes e incluso desde un submarino, y se rumoreaba que se habían mezclado espías con sus habitantes.
Las dependencias de los oficiales (alrededor de ochenta) se encontraban en el Clarence Gardens Hotel, hoy el Clifton Hotel.
Para su sorpresa, fue puesto al cargo de la dirección doméstica: él mismo se describía a su madre y a Siegfried Sassoon como "Major Domo". Eso significaba lidiar con suministros de comida, vino, tabaco, combustible, estado habitaciones, asegurar docenas de ventanas al anochecer, temperatura del agua del baño, escribir "innumerables cartas", comprobar cuentas, contratar personal si era necesario... Dominic Hibberd recoge en su biografía de Owen que "algunos de los celadores se recuperaban de neurastenia", y que el poeta escogió uno de los peores casos de estrés postraumático como asistente personal.
Mirando al mar, desde una de las mejores habitaciones, probablemente en la primera planta, continuaría escribiendo poesía tras supervisar la buena marcha de las comidas y que "el café se había ganado la aprobación general".
Estos light duties proseguirían con su destino al Northern Command Depot, en Ripon. Compartía alojamiento con otros doce oficiales, en uno de los campamentos militares más grandes de Gran Bretaña, "a city in itself", con miles de reclutas; y también heridos y mutilados, ejercitándose o en rehabilitación para realizar tareas dentro del país. 
Había decidido "dejar el alcohol y el tabaco, y levantarse a las siete para darse una ducha. De nueve a tres cada día tenía que hacer ejercicios físicos y asistir a conferencias". Era la forma de prepararle para el servicio activo. Pero el resto del día lo tenía libre.
Alquiló una habitación en una granja, en el actual 24 Borrage Lane: meses de creación y revisión, poéticamente los más importantes de su vida, entre marzo y junio de 1918.
Fotografía de Paul Darbyshire, noviembre 2013. La habitación de Owen se encontraba bajo el tragaluz. Es posible visitarla en rutas organizadas. La placa azul conmemora la estancia del poeta en la casa.
                        INSENSIBILIDAD
                                    I
Felices son los hombres que antes de caer
permiten que en sus venas se les hiele
     la sangre,
a quien la compasión nunca conmueve
ni conduce sus pasos por las calles
que asfaltaron los cuerpos de compañeros
     muertos.
El frente se desplaza
pero ellos son las tropas que se marchan,
no flores para el llanto del poeta.
Son hombres: dejan sólo un hueco que llenar,
son bajas que podrían tal vez haber luchado
más tiempo. A nadie importan.
                                  II
Algunos ya no sienten por sí mismos
ni a sí mismos se sienten.
El azar y la duda de las bombas
se resuelve en letargo e indiferencia
y la extraña aritmética del hado
es recurso más fácil que su culpa.
Ya no cuentan el diezmo de las tropas.
                                 III
(…)
Tras verlo todo rojo
sus ojos quedan libres para siempre
del dolor y la angustia de la sangre.
Libres también de la pulsión del miedo,
sus corazones menguan.
Sus sentidos, como la carne viva
cauterizada ya hace mucho tiempo,
Pueden reír, impávidos, entre los moribundos.
(…)
Cuando vive, no es del todo vital;
mientras muere no es del todo mortal
ni triste, ni orgulloso,
ni curioso tampoco.
(…)
                                 VI
Maldito al que no aturden los cañones,
pues será como piedra.
Triste y mezquino sea en su miseria
aquel que nunca tuvo sencillez:
a conciencia eligieron ser inmunes
a la piedad y a todo cuanto en el hombre llora,
ante el último mar y las tristes estrellas,
a cuanto gime cuando muchos abandonan
estas costas, y a cuanto toma parte
en el tráfico eterno de las lágrimas.
Traducción de Gabriel Insausti. “Wilfred Owen. Poemas de Guerra”. Acantilado.

But cursed are dullards whom no cannon stuns,
That they should be as stones.
Wretched are they, and mean
With paucity that never was simplicity.
By choice they made themselves immune
To pity and whatever moans in man
Before the last sea and the hapless stars;
Whatever mourns when many leave these shores;
Whaterver shares
The eternal reciprocity of tears.



La tarde del 18 de marzo de 1918, Wilfred estuvo en la catedral de Ripon. Probablemente se sentó en las primeras filas, erguido, vestido de uniforme. Pensando en el último año, en si lograría destino "en casa" o si regresaría a Francia, al frente. Pero, sobre todo, en ese último año, decisivo, revelador.
No sé si conocería esta obra de Piero di Cosimo, "Incendio en el bosque". Ese buey, casi en el centro del cuadro, nos devuelve a uno de sus poemas, "Himno por la juventud condenada", a los toques de campana por los jóvenes que mueren "as cattle", "como ganado":
"El lobo habitará con el cordero
y el leopardo se recostará junto al cabrito;
el ternero y el cachorro de león pacerán juntos,
y un niño pequeño los conducirá;
la vaca y la osa vivirán en compañía,
sus crías se recostarán juntas,
y el león comerá paja lo mismo que el buey.
El niño de pecho jugará
sobre el agujero de la cobra,
y en la cueva de la víbora
meterá la mano el niño apenas destetado" (Isaías 11,6)

¿Es esto la paz?
Ciertamente, es un ideal. 

Ese día, Wilfred Owen cumplía veinticinco años. No cumpliría los veintiséis.

Feliz cumpleaños, Wilfred.