lunes, 26 de diciembre de 2016

Navidad, Beethoven y foxtrot en “Tres camaradas”, de E.M. Remarque (3)

René Magritte. "El descubrimiento del fuego" (1935).


Es Navidad. 
El caleidoscopio de la sociedad alemana que es la pensión en la que se aloja Robby, ha cambiado. 
No en vano, el año acaba: el señor Hasse se ha suicidado a pesar de su ascenso, después de meses y meses conviviendo con el terror -como tantos otros- a perder su empleo en la Alemania de la hiperinflación; la tuberculosis acecha gravemente a Patricia incluso en el hospital suizo…

Lo único bueno de esa noche es rescatar al joven, desnutrido y desesperado Georgie, casi un epítome de toda una generación, hacer que se vista y llevarle al “Internacional”: sí, el café bar donde antaño Robby confraternizaba en sus malos días con el imprescindible camarero Alois y vasitos de ron; donde ahora toca el piano por las tardes; el cuartel general, refugio y confesionario de las mujeres que tratan de comer desde el lado de la prostitución; donde culminan las noches con Lenz y Koester tras una buena pitanza en las afueras; donde los coches pasan con sus ojos de gato sin que se pueda atisbar su color…
Irving Berlin, una leyenda de la época. White Christmas, There's No Business Like Show Business y Cheek to Cheek son composiciones suyas


“[Erna Boening] no se hacía ilusiones acerca de la vida; sabía que uno debe afanarse para obtener un poco de lo que se da en llamar felicidad. Igualmente sabía que, con tal fin, es preciso pagar un precio dos o tres veces mayor (…) Erna se arrodilló ante su discoteca (…)
-¿Le gusta el foxtrot? –preguntó.
-No –contesté-. A decir verdad, no sé bailar.
Me miró atónita (…)
-Yo despacharía inmediatamente a un hombre que no supiera bailar.
-Usted tiene unos principios muy rígidos –dije-. Pero los bailables no son imprescindibles (…) Hace poco usted tocó uno muy agradable…, la voz era femenina, y el acompañamiento, una especie de música hawaiana…
-¡Ah, ésa es fabulosa! ¿Cómo me sería posible vivir sin ti…?, ¿verdad? (…) un gramófono es casi como un Diario íntimo (…) cuando quiero recordar algo, me basta poner el correspondiente disco para que todo reaparezca ante mi vista."


"Fui en busca de Lenz al "Internacional" (...) Me miró. 
-Porque todo lo demás es pura porquería, Robby. Porque hoy no hay nada que merezca la pena. Piensa en lo que te dijo ayer, Ferdinand (…) Ahora siéntate ante esa carraca y toca un par de nuestras viejas canciones soldadescas.
Toqué Drei Lilien y el Argonnerwald. Las notas sonaron como algo espectral en el solitario local, sobre todo al pensar cuándo y cómo las habíamos cantado.”


"Argonnerwald". Publicado por +JPtankman


“Tuve una gran alegría cuando el propietario del “Internacional” me propuso que tocara nuevamente el piano en su local por las tardes a partir de diciembre (…) la “Asociación de Ganaderos” había optado por celebrar sus reuniones semanales en un reservado; luego la había imitado la “Asociación de Tratantes en Caballos” y, para completarlo, la “Sociedad de Incineradores” había hecho lo propio, por razones de utilidad pública.”
“Se había proyectado celebrar una gran fiesta para los solteros de todas las Asociaciones. El presidente de los ganaderos (…) había quedado viudo dos años antes y era hombre de temperamento muy sociable.”

Potsdamer Platz, Berlín. Noviembre 1930. Bundesarchiv. 

“Llamé a la puerta de Georgie (…) Estaba acurrucado ante su escritorio y tenía un aspecto pésimo. A su alrededor había montones de papeles rotos.
-Buenas tardes, Georgie –dije-. ¿Qué estás haciendo?
-Inventario –repuso con una débil sonrisa.
-¡Buena ocupación para Navidad! (…) ¿Para qué esta destrucción?
-Ya no tiene objeto, Robby.
-¿Qué has comido hoy? –pregunté. Hizo un gesto evasivo (…)
-Georgie (…) Mírame. ¿Crees que en otro tiempo yo quise ser pianista de ese prostíbulo llamado “Café Internacional”? (…)
-Lo sé, Robby, lo sé. Pero no me sirve de ayuda (…) Nada tiene objeto. Dime, ¿para qué se vive realmente? (…)
-¡Ah, pequeño asno! –exclamé-. ¡Vaya un descubrimiento que has hecho! ¿Crees acaso encontrarte a solas con tu grandiosa sabiduría? ¡Claro que no tiene objeto! Además, uno tampoco vive para encontrarle objeto a la vida. La cuestión no es tan simple, ni mucho menos. Vamos, vístete. Ven conmigo al “Internacional”. Debemos celebrar tu llegada al estado adulto”.


"Hymne an die Nacht". Publicado por +Mario Steller

“El viejo recinto saturado de humo era casi irreconocible. Las velas del árbol navideño ardían alegremente, y su luz cálida se reflejaba en todas las botellas y copas, en el níquel y el cobre del mostrador. Las rameras, con trajes de noche y joyas falsas, estaban sentadas alrededor de una mesa en actitudes expectantes.
A las ocho en punto entró marcialmente el orfeón de los ganaderos asociados. Sus componentes formaron ante la puerta con arreglo a los timbres de voz (…) inmediatamente resonó la balada a cuatro voces:
¡Oh, noche sagrada!, derrama la paz celestial
sobre este corazón,
da reposo al pobre peregrino,
bálsamo consolador a su corazón.
Claras brillan las estrellas,
fanales de la azulada lejanía.
¡Ojalá me llevaran hasta ti, en dirección al cielo!

(…) Estalló una salva atronadora de aplausos. [El presidente de los ganaderos] se enjugó el sudor de la frente.
-Beethoven será siempre Beethoven –manifestó rotundamente. Nadie le contradijo (…)-. Y ahora…, ¡a las armas!
(…) Alois apareció con un frac recién teñido, obsequio del patrón. Traía unas jarras de “Steinhäger” y empezó a escanciar. Le acompañó Potter, de la “Sociedad de Incineradores”, quien poco antes había dirigido una cremación.
-¡Paz sobre la tierra! –dijo solemnemente.”


Las prostitutas han preparado regalos para sus más íntimos, no necesariamente clientes. A Robby le pilla de sorpresa su regalo:
“-Chicas –dije-. ¿Sabéis cuándo fue la última vez que recibí regalos navideños? (…) Quizá fuera en la guerra. ¡Y ahora resulta que yo no he traído nada para vosotras!
Estalló una tremenda algarabía, todas se rieron al verme tan cariacontecido.
-Tú has tocado siempre algo para nosotras –dijo Lina enrojeciendo.
-Sí, tócanos ahora algo; ése será tu regalo –dictaminó Rosa
-Lo que queráis –dije-. Todo cuanto queráis.
-Aus der Jugendzeit! –vociferó Marion (…)

Aus der Jugendzeit
klingt ein Lied mir immerdar.
Oh, wie lieght soweit
was mein einst war…"



“Lenz dio cuerda al gramófono. Tenía innumerables discos de espirituales negros, y puso unos cuantos, del Mississippi, de los cosechadores de algodón y las noches sensuales a orillas de azulados ríos tropicales.”


"Yonder Come Day". Georgia Sea Island Singers.
Publicado por +John Melville Bishop

miércoles, 30 de noviembre de 2016

Frederick E. McWilliam: El cuerpo y sus (no) partes.

"Matriarch" (1935) madera de cerezo

Hace unos días se subastaron en Sotheby’s, en Londres, obras de arte que pertenecieron a David Robert Jones (David Bowie). 

De entre las casi 500 piezas del extraordinario catálogo, había tres esculturas de Frederick Edward McWilliam (1909-1992), entre ellas un modelo preliminar para su “Princess Macha”, escultura que representa a la fundadora de uno de los primeros hospitales que se conocen (300 a.C.) de Irlanda, llamado “Broin Bearg” o “Casa del Dolor”.


Nacido en Banbridge (Irlanda del Norte actualmente), Frederick E. McWilliam (“Mac” para sus allegados) estudió en el Belfast College of Art (1926-1928) y en la Slade School of Art, ya en Londres. 
Pensaba dedicarse a la pintura, pero la influencia de su profesor, escultor y  Jefe del Departamento de la Slade, A. H. Gerrard, le decidió.

En sus años de estudiante conoció a Henry Moore a través de su amigo y también escultor George MacCann, alummno de Moore en el Royal College of Art, y ya una figura artística a nivel internacional.

Tras graduarse, recibió la Robert Ross Leaving Scholarship, con la que viajó a París a comienzos de la década de los años treinta, junto con su esposa, la pintora Beth Crowther.

Musée de l'Homme, Paris 

En París contaron con un studio en la Porte D'Oléans, y conocieron a otros artistas europeos como Ossip Zadkine, Constantin Brancusi, Alberto Giacometti y Jean Arp.

Pero la estancia no fue duradera: La caída de la libra esterlina entre 1932 y 1933 les hizo regresar a Inglaterra, alquilando una casa en Chartridge, Buckinghamshire.

Es entonces cuando comienza a tallar la madera con más rigor, especialmente la de cerezo de la zona, influenciado por las visitas al Museé de l’Homme, de París, y sus exposiciones de arte primitivo africano, experimentando con la representación de la figura humana.

Arte africano y Oceánico, exposición en la Pigalle Theater Gallery, 1930 
(French Society of Photography, París)


En 1936, asistió a la Exposición Surrealista Internacional de Londres; este viaje influyó notablemente en la concepción de su obra posterior. 

Se uniría al British Surrealist Groupproduciendo piezas en piedra como "Eye, Nose and Cheek" (1939), que constituyen una valiosa aportación a la escultura surrealista.



En la International Surrealist Exhibition, Londres (1936)
Diana Brinton-Lee, Salvador Dalí (con traje de buzo), Rupert Lee, Paul Éluard,
Musch Éluard y ELT Mesens © Tate Archive

Durante la Segunda Guerra Mundial permaneció en Inglaterra, analizando fotografías de reconocimiento aéreo, hasta el periodo 1944-1946, en el que fue destinado a la India. 
Enseñó dibujo y escultura en Bengala, y ya en Londres (1947), en la Chelsea School of Art, hasta que su antiguo profesor A. H. Gerrard, le invitó a dar clase en la Slade School of Art, donde fue profesor hasta 1968.

Ya establecidos en Londres, en Holland Park, y a partir de la ejecución de “The Four Seasons” para el Festival de Gran Bretaña (1951), en las décadas siguientes continúo con encargos de administraciones públicas, como “Princess Macha” (1957), para el Altnagelvin Hospital, en Londonderry.

"Princess Macha" (1957), Altnagelvin Hospital, Londonderry 
Fotografía: Louis Price (geograph.org.uk)


"Kneeling Girl II" (1971) bronce


















El 4 de marzo de 1972, como consecuencia de la explosión de una bomba en Belfast, en la Abercorn Tea-Rooms, murieron dos mujeres. Hubo 130 heridos, y dos mujeres perdieron las piernas. 
Fruto de la reflexión sobre esta tragedia fue la creación de una serie de pequeñas esculturas de bronce, conocidas como “Mujeres de Belfast”.
"Mujeres de Belfast" (1972)
Colección Wolverhampton Art Gallery sobre el tema del conflicto
Imagen: www.artfund.org



Frederick E. McWilliam recordaba con afecto su infancia en la rural Banbridge:
“Creo que fui afortunado de haber nacido donde nací (...)  En la puerta siguiente a la nuestra, estaba Carson "El Tonelero", que hacía barriles, y por supuesto solíamos escondernos en ellos.
Los hacían en la calle, "porque Newry Street, donde nací, era una calle ancha, y la gente trabajaba en ella. Entonces había una tienda que vendía muebles (...)" Los hacían "detrás de la tienda… Me encantaba ir y mirarles.”


 "Daphne into laurel" (1982)


En la página web de la Royal Academy of Arts, hay apenas unas líneas biográficas sobre Frederick Edward McWilliam. 
Recuerdan que renunció, como protesta, a ser miembro de esta Academia cuando la Comisión correspondiente rechazó una pintura de William Gear. Era 1963. Volvería a ser reelegido tres años antes de su muerte.


"Crossed Legs" (1978)
Colección Ulster Museum


La Tate Gallery organizó una retrospectiva de su obra en 1989.

Según la Dr Denise Ferran, pintora y Presidenta de la Royal Ulster Academy of Arts, le gustaba trabajar con materiales naturales, y nunca utilizó aprendices o asistentes para finalizar sus obras o ejecutarlas a mayor tamaño partiendo de una maqueta.

Continuó esculpiendo hasta casi el final de su vida, en 1992; en la última década, volvió a trabajar con madera.


The Judo Players (bronce)



Enlaces de interés:

Página de F.E. McWilliam Gallery and Studio:

viernes, 4 de noviembre de 2016

Wilfred Owen: "Si tú también pudieras, en tus sueños..."



Wilfred Owen murió al amanecer del 4 de noviembre de 1918.
Tenía 25 años.

Poeta desde muy joven, estudiante con esperanzas sin beca, ayudante de vicario decepcionado y hombre religioso desalentado; profesor de inglés explotado en Burdeos... La Primera Guerra Mundial significó "el punto de giro" de su vida.

Paradójicamente, las trincheras le otorgaron los contactos necesarios para dar a conocer su poesía, con un cambio de estilo, escenarios y temas muy marcados y propios en apenas unos meses.

Leyó sus poemas entre las paredes del Salón Dorado de Robbie Ross, el amigo incondicional de Oscar Wilde que recogió a su muerte cualquier vestigio de su producción literaria -incluidas falsificaciones-, para constituir un "trust" que entregó a los hijos de Wilde, Cyril y Vyvyan. 

Cyril también moriría en la guerra; como el propio Wilfred, considerado emblema poético de su generación, previa a las Vanguardias; uno de los tres mejores poetas de ella, junto a Charles Sorley y Isaac Rosenberg -que tampoco sobrevivieron- en palabras de Robert Graves.

Wilfred trataba de atravesar el Canal de Oise-Sambre, cerca de la frontera belga, cuando se cree que una ráfaga de ametralladora desde la orilla contraria le acribilló; faltaba una semana para el 11 de noviembre, fecha en la que se firmó el Armisticio con el que concluía la guerra.

Ese verano había terminado lo mejor de su producción poética; su "Dulce et decorum est", cuya parte final dice

Si tú también pudieras, en tus sueños,
caminar tras el carro adonde lo arrojamos
y ver cómo sus ojos se marchitan,
ver su rostro caído, como un demonio hastiado;
si pudieras oír con cada sacudida
cómo sale la sangre de su pulmón enfermo,
obscena como el cáncer, amarga como el vómito
de incurables heridas en lenguas inocentes,
amigo, no dirías entusiasta
a los muchachos sedientos de una ansiosa gloria
esa vieja mentira: Dulce et decorum est
pro patria mori.

(Traducción de Gabriel Insausti)


Como escribió en el Prefacio a la primera edición de sus poemas, que nunca vio, los poetas sólo pueden avisar.


Fotografía: Canal de Sambre-Oise, en Ors (Francia). The Wilfred Owen Association (http://www.wilfredowen.org.uk/).

domingo, 16 de octubre de 2016

Vilnius, llama de creatividad y empuje

 Jurgis Tarabinda: "Think".
Imagen: kaminoge.blogspot.com.es


Lo primero que llama la atención de la capital de Lituania son sus muestras de creatividad, patentes a través de los numerosos y originales graffiti,  y su finísimo sentido del humor.


Otavio y Gustavo Pandolfo, Os Gemeos - Street Art Festival Lithuania 2015
Imagen: widewalls.ch



Fotografías: Esther González.

Cuando se erigió este monumento a Gediminas, en la Plaza de la Catedral, se conjeturó acerca de su representación:
-El duque anda sonámbulo
-El duque se ha quedado ciego
-Es un samurai.

Los jóvenes se sentaban en la base del monumento; en poco tiempo, se corrió la voz de que parte del material provenía de Ucrania, y era radioactivo. Un periódico aventuró que si los chicos seguían sentándose a los pies del duque, acabarían teniendo problemas de fertilidad.
Finalmente, un estudio concluyó que, efectivamente, parte del material emitía una mínima radioactividad; pero que para que afectase a un ser humano tendría que estar sentado en ese lugar más de 40 años seguidos…

Fotografía: Esther González.

Un sueño en los bosques del valle de Šventaragis, en las cercanías de los ríos Vilnia y Neris, fue el origen de Vilnius: el sueño de un duque, Gediminas, con un “lobo de hierro” que aullaba como cien lobos, como manadas.
Significaba la construcción de un castillo y una ciudad: los aullidos la auguraban invencible y legendaria.

Antanas Dubra Street Art Festival Lithuania 2015
Imagen: widewalls.ch

El relato es hermoso y original. Las transcripciones que se conservan de las cartas en latín (fechadas entre 1323 y 1324), dirigidas al Papa Juan XXII y a diversas ciudades alemanas del entonces Sacro Imperio Romano, revelan una realidad menos idílica.

Lituania fue la última región de Europa en ser cristianizada, muy tarde, a finales del siglo XIV. Gediminas mantenía cultos paganos, amparándose en la brutalidad de los cristianos Caballeros Teutones (orden militar creada en Acre, alrededor del año 1190), para retrasar su propia conversión y obediencia al Papa.
Le parecía que hombres que cometían todo tipo de crímenes y abusos en su país, incluida la destrucción de iglesias y ruptura de los tratados de paz, no se comportaban de manera coherente con el credo cristiano.

  
Mindaugas Bonanu: "make everything great again". 
Imagen: The Baltic Times



Tras la caída del Reino de Jerusalén, la Orden se había trasladado a Venecia. Muchos caballeros de la Orden, procedentes de países del oeste de Europa, como Inglaterra y Francia, se congregaron en  Prusia para participar en campañas contra el Gran Ducado de Lituania.

Ernest Zacharevic

En su carta de 25 de enero de 1323 a las ciudades de Lübeck, Sund, Bremen, Magdeburgo, Colonia y otras, Gediminas califica su Ducado como tolerante con los cristianos y otras confesiones, independientemente de la pervivencia de creencias paganas; invitando a caballeros, mercaderes, médicos, herreros, escuderos, artesanos, zapateros, molineros… a vivir en el Gran Ducado de Lituania, trabajando y practicando su fe sin restricciones, y prometiendo exenciones de impuestos, por diez años en el caso de los campesinos:
“Abrimos nuestra tierra, soberanía y reino a toda persona de buena voluntad.”

Vilnius ya existía antes del reinado de Gediminas; pero esta carta es la primera fuente escrita en la que es mencionada, y además como capital del Ducado, por lo que 1323 se considera oficialmente el año de su fundación.
En esta y otras cartas, insistía en sus suspicacias respecto al Cristianismo, debido a los crímenes de los Caballeros Teutones, aunque declaraba su intención de ser bautizado.




Fotografías: Esther González.


Merece la pena buscar a los autores de estas obras de la calle y la ciudad, porque detrás hay magníficas historias, de artistas que tratan de aprehender con una imagen, y a veces con alguna frase o palabra, una inquietud, una reflexión que golpea con su hondura y precisión.

Hay muchas páginas en Internet dedicadas a los graffiti de Vilnius.
Gediminas, en su carta de 1323, también se dirige  “a las generaciones futuras”.
De algún modo, aun con edificios extraordinarios ennegrecidos por la 2ª Guerra Mundial, o la imposibilidad de recursos para restaurar este patrimonio; de su larga oscuridad en invierno, o la climatología; Vilnius, recorrer su empedrados medievales y su modernidad, cala, y los viajeros de a pie regresamos con "el lobo de hierro" dentro, su boca abierta emitiendo un aullido que sólo nosotros oímos.
El aullido del arte y de la vida.


Páginas de interés:
http://viajedearquitectura.com/guias/8.pdf
lituanus.org
http://www.muziejusalka.lt/en/

viernes, 30 de septiembre de 2016

"Tres camaradas" (2). La ciudad y las flores.

Iglesia Memorial Kaiser Wilhelm, en memoria del Emperador Guillermo
Berlin, c. 1927

“Paseamos por las calles Se estaba enturbiando la atmósfera. Una tenue niebla se tendía lentamente sobre la ciudad, una niebla entre verdosa y plateada. Le cogí la mano a Pat y la metí en el bolsillo de mi abrigo (…)
Los abejorros salieron ebrios de los tilos y se acercaron dando tumbos a las farolas para girar en torno suyo y chocar pesadamente contra sus húmedos cristales. La niebla lo transformó todo, le dio realce y lo desdibujó a un tiempo; el hotel frente a nosotros navegó ya cual un trasatlántico con cabinas iluminadas, por la negra superficie del asfalto; la silueta grisácea de la iglesia, tras él, fue un velero espectral cuyos interminables mástiles se perdieron en la claridad gris rojiza, y entonces comenzaron también a sobrenadar y deslizarse las flotillas de casas...”


No se cita en la novela de Erich Maria Remarque a Berlin, que la ciudad de fondo donde tratan de vivir, sobrevivir, sea Berlin.
En todo caso, esta ciudad de los "Tres camaradas" es vital, embriagadora, despierta, sensorial; engalanada con muchos espacios naturales:
“Seguimos caminando (…) por los jardines municipales.
-Aquí deben estar en alguna parte las Daphne indica –dijo Pat
-Sí, el olor llega desde lejos por encima del césped. Es muy perceptible. ¿Verdad?"

“Terminada la velada, vagamos todavía largo tiempo por la ciudad nocturna. Las calles estaban iluminadas y desiertas. Los anuncios cinematográficos resplandecían En los escaparates brillaba la luz sin finalidad alguna. En uno había varios maniquíes de cera completamente desnudos y con caras pintadas. Tenían un aspecto fantasmal y perverso. Al lado centelleaban las joyas. 
Luego seguían unos almacenes iluminados por reflectores de luz blanca como si fueran una catedral (…)

Ante un cine se acurrucaban figuras macilentas y famélicas. Junto a ellas refulgía la exposición de un lujoso establecimiento de comestibles."
Berlin, 1931. El Ejército alemán repartiendo comida. Bundesarchiv.

“Fui al taller, saqué el taxi y paseé lentamente por las calles. Había poco tránsito. 
En los barrios obreros, las interminables hileras de casas baratas, de vecindad, se alzaban desnudas y sórdidas como deplorables prostitutas viejas en la lluvia. 
Sus fachadas estaban desconchadas y churretosas, las turbias ventanas miraban sin alegría al amanecer, y el revoque descascarillado de las paredes mostraba, en muchos lugares, profundos agujeros grisáceos, como si lo estuvieran devorando las úlceras.” 


“La somnolencia de los clubes nocturnos restregó con manos entre grisáceas y amarillentas las paredes y los rostros. 
La música pareció sonar bajo un catafalco de cristal. El calvo bebió café. La mujer con manos de saurio miró fijamente al vacío. 
Breuer compró rosas a una exhausta vendedora de flores; las repartió entre Pat y las otras dos mujeres. En los capullos medio abiertos había gotas de agua pequeñas y claras como perlas.”



"Atravesamos el pequeño postigo, para desembocar inmediatamente en el claustro [de la Catedral] (…) En el centro se alzaba una gran cruz, corroída por los elementos, con la figura de Cristo (…) 
El jardín estaba en estado silvestre y florecía por todas partes.
-Todo esto está muy bien, Gottfried. Pero, ¿qué ocurrirá si me atrapan? (…) las gentes piadosas califican sin rodeos una cosa así como profanación de lugares sagrados.
-Querido jovenzuelo –dijo Lenz-. ¿Acaso ves a alguien por los contornos? Desde la guerra, los seres humanos acuden más a los mítines políticos, que a la iglesia (…) La suerte te acompaña. Es una especie de larga florescencia y flores muy resistentes. Con ella podrás aprovisionarte por los menos hasta septiembre. Y a partir de entonces encontrarás aquí mismo abundantes aster y crisantemos (…) 

Los enjambres de abejas revoloteaban entre las corolas (...)
-Éstas proceden, con toda seguridad, de una granja. Conocen bien su camino (…)
-Y nosotros no, ¿eh? –dije alzando los hombros-. O quizá lo conozcamos también… Por lo menos, un pequeño trecho. En la medida de nuestras posibilidades. ¿Tú no?
-No. Ni deseo conocerlo. Las metas significan el aburguesamiento de nuestra vida.” 

“Oímos que Ferdinand nos llamaba (…)
-Pasad, chicos –dijo-. De noche, las gentes como nosotros no pueden encontrar nada en la Naturaleza. Ella quiere estar sola de noche. Si fuéramos campesinos o pescadores sería diferente; pero nosotros, habitantes de ciudades populosas con nuestros cercenados instintos, no tenemos nada que hacer. (…) ¡La noche (…) es una defensa de la Naturaleza contra la civilización contaminadora! 
Y cuando un hombre es razonable (…) percibe al instante que no se le quiere en el silencioso círculo de árboles, animales, estrellas y vida irracional”

Leo Lesser Ury. "Hochbahnhof Bülowstraße", 1922.


“Los faros exploraron como podencos ante nosotros, y localizaron en la oscuridad un bosque de temblorosos abedules, una alameda, postes telegráficos abalanzándose momentáneamente hacia nosotros, casas agazapadas, el silencioso desfile de los linderos forestales. 
Sobre nuestras cabezas se cernía, monstruoso, escoltado por millares de estrellas, el fosforescente velo de la Vía Láctea.”



Hay poca violencia en la novela, si dejamos a un lado la desgracia y la miseria.
La ciudad es ruda, sí, pero es una rudeza individual de puños, no de pistolas; las armas de fuego están en manos de los distintos grupos ideológicos, paramilitares, policía…
Robby relata algunas escaramuzas que se zanjan a puñetazos, rozando la fanfarronería; a veces una injusticia, otras una afrenta que acaba en amistad y respeto, o en un sangriento desahogo.
Pero no es el eje fundamental de la novela, siempre sorprendiéndonos con la nobleza de los personajes, el alto sentido de la amistad y de la solidaridad. 
Prácticamente no se juzgan, no juzgan, hay una ingenuidad cierta de fondo;  la descripción de la ciudad de entre guerras con sus potentes luces y trágicas sombras es suave, apenas un visillo de tela muy fina y transparente.


Quema de libros en la Opernplatz (actual Bebelplatz), Berlin, 1933.
Fotografía: Georg Pahl. Bundesarchiv.

Será hacia el final cuando aparezcan una pistola, dos disparos. 
Vendrán con otros jóvenes  –casi adolescentes-  en grupo,  con “polainas nuevas de un color amarillo claro (…), botas altas de corte militar”.


Remarque, Erich Maria. “Tres camaradas”. 
Plaza & Janés, S.A., Editores. Noviembre 1978, 2ª edición.
Título original:“Drei Kameraden”, 1936.
Traducción de Manuel Vázquez.

lunes, 8 de agosto de 2016

Erich Maria Remarque: "Tres camaradas" (I)



"El cielo era amarillo, como de latón; no lo ennegrecían aún las humaredas de las fábricas tras cuyos tejados brillaba con gran luminosidad. Pronto saldría el sol Miré la hora. No eran aún las ocho. Había llegado con quince minutos de anticipación."

Es el cumpleaños de Robert Lohkamp; 30 años, concretamente.

Hace doce, pues, que concluyó la Primera Guerra Mundial o Gran Guerra; estamos en 1930, y Robert trabaja en un taller de coches con otros dos amigos, camaradas de las trincheras: Gottfried Lenz y Otto Koester.

Robert echa la vista atrás, y en una cuartilla, repasa sus pasados cumpleaños, sus otros cumpleaños desde que cumpliera los dieciocho y fuese llamado a filas:

“La verdadera vida no se inició hasta 1916 (…) yo era un recluta de dieciocho años, enteco y larguirucho; hacía instrucción a las órdenes de un mostachudo oficial en los eriales detrás del cuartel (…) Una de aquellas tardes se presentó mi madre en el cuartel para visitarme; pero hubo de esperar una hora larga. Yo no había preparado mi mochila como disponía el reglamento y, por tanto, se me había castigado a limpiar las letrinas durante el paseo. Ella quiso ayudarme pero no me lo permitieron (…) lloró amargamente, y yo sentí tanto cansancio que me quedé dormido a su lado."
Erich Maria Remarque, con uniforme del Ejército alemán,
con su perro Wolf (1918 ó 1919)
Imagen: http://www.nyu.edu/ (New York University)


"1917: Flandes. Middendorf y yo habíamos comprado una botella de tinto en la cantina. Queríamos celebrarlo. Sin embargo, no nos dio tiempo. Hacia el alba, los ingleses desencadenaron un intenso cañoneo. Al mediodía, Koester cayó herido; Meyer y Deters murieron por la tarde. Hacia el anochecer, cuando creímos tener ya la suficiente tranquilidad como para descorchar la botella, llegó el gas y se filtró entre los refugios subterráneos. Tuvimos el tiempo justo para ponernos las máscaras, pero la de Middendorf estaba averiada (…) Murió a la mañana siguiente: tenía el rostro verdinegro y la garganta lacerada, pues había intentado abrírsela con las uñas para airar aire.

1918: estancia en el hospital de sangre (…) Vendas de papel. Heridas atroces (…) Junto a mí yacía Josef Stoll. Le faltaba una pierna, pero él no lo sabía aún. (…) sentía mucho dolor en un pie inexistente. Por la noche expiraron dos heridos en nuestra sala. Uno lo hizo con extremada lentitud y laboriosidad."



Berlín, enero 1919
Imagen: www.ww1-propaganda-cards.com

"1919: vuelta a casa. Revolución. Hambre. Afuera, el incesante tableteo de las ametralladoras. Soldados contra soldados. Camaradas contra camaradas. 1920: insurrección. Fusilamiento de Karl Broeger. Arresto de Koester y Lenz. Mi madre, hospitalizada. Ultima fase del cáncer."




Diario de 28 de julio de 1923:
Un dólar estadounidense equivalía a un millón de marcos alemanes

"1921…
Me detuve a reflexionar. No saqué nada en limpio. Sencillamente, aquel año se había esfumado de mi memoria. Fui ferroviario en Turingia durante 1922 y jefe de publicidad en una fábrica de caucho durante 1923. Esto último coincidió con la inflación. Allí gané mensualmente doscientos billones de marcos. Entonces cobrábamos dos veces cada día, y a renglón seguido se nos concedía media hora de permiso para que corriéramos hacia las tiendas y compráramos todo lo posible antes de que pareciese la nueva cotización del dólar, porque si nos retrasábamos unos minutos, nuestro dinero valdría sólo la mitad.”

Billete de 100 billones de marcos alemanes, 1924
Fuente: Reichsbank



No es ésta una novela cuartelaria. 
Apenas se mencionan sucesos de la Gran Guerra, y los transcritos son los más significativos.

Es una novela sin fisuras, bien construida, ágil; y también una descripción fiable de la sociedad de esos años, sin adornos.

Es, desde luego, una novela sobre la amistad; sobre el respeto, el apoyo, la solidaridad.
Sorprende por la madurez de sus personajes, sus conversaciones; bastante distantes, a pesar de las circunstancias terribles que les rodean, de egocentrismos, distracciones y conductas evasivas a las que nos estamos acostumbrando ahora, en nuestra propia época.

Los personajes de "Tres camaradas" buscan vivir, aunque sea sobreviviendo; buscan momentos reales, echar el resto para vivir, para poder decir que se está viviendo.

Y es también una novela sobre el amor. El amor que empieza desde la confusión, esa confusión que desconcierta con el primer encuentro, que altera el día a día, que trastoca nuestro discurso interior.


“Se oyó chirriar el portón. Me apresuré a romper la cuartilla que encuadraba aquellas fechas memorables de mi vida y arrojé los fragmentos a la papelera. La puerta se abrió de golpe. En su marco apareció Gottfried Lenz…, enjuto, larguirucho, con melena de color pajizo y una nariz que parecía haber sido destinada a un hombre completamente distinto.
-¡Robby! –rugió-. ¡Viejo truhán! ¡Incorpórate y despabílate! ¡Tus superiores quieren hablar contigo!
-¡Dios todopoderoso! –exclamé levantándome- ¡Tuve la esperanza de que no os acordaseis! ¡Tened misericordia, bergantes!
(…) Koester llegó pisándole los talones. Lenz se irguió ante mí y preguntó:
-Dime, Robby, ¿quién ha sido la primera persona a la que encontraste esta mañana?
Tras breve cavilación, repuse:
-Una mujer vieja y danzante.
-¡San Moisés! ¡Es un pésimo presagio! Pero escucha tu horóscopo. Lo compuse ayer mismo. Eres un nativo de Sagitario, un individuo poco fiable, una paja al viento con sospechosos trígonos en Saturno y un Júpiter sumamente deteriorado este año. Puesto que Otto [Koester] y yo representamos el papel de tus padres, te entrego primeramente algo a modo de protección. ¡Toma este amuleto! Antaño me lo traspasó una descendiente de los incas (…)”




Remarque, Erich Maria. “Tres camaradas”. 
Plaza & Janés, S.A., Editores. Noviembre 1978, 2ª edición.
Título original:“Drei Kameraden”, 1936.
Traducción de Manuel Vázquez.