sábado, 8 de marzo de 2014

"Ellas solas": mujeres tras la Gran Guerra

Manejando sierras circulares en la Royal Gun Factory. Arsenal de Woolwich, Londres, Mayo 1918.
En 1921, se publicaba el censo de la población de Inglaterra y Gales:
  - 18.082.220 hombres      
  - 19.803.022 mujeres
Es decir, aproximadamente 1.700.000 mujeres solteras. Con 750.000 soldados británicos muertos, en la década de 1920 comienza a hablarse de "las mujeres del excedente". Este es el tema principal que desempolva  Virginia Nicholson en su libro  "Singled Out. How Two Million Women Survived without Men after the First World War", en castellano "Ellas solas (un mundo sin hombres tras la Gran Guerra)", Turner, 2008 y traducción de Rocío Westendorp.

Singled Out tells the story of a generation of women, brought up in the unquestioning belief that marriage was their birthright, who discovered after the 1914-18 war that there were, quite simply, not enough men to go round. In the 1920s they were known as the 'Surplus Women’ (de la página web de Virginia Nicholson)
“¿Cuál era el sentido de ganar la guerra (...) si ninguno de los hombres que la ganaran iba a vivir? Los periódicos titulaban sin cesar “¿Quién muere si Inglaterra sobrevive?” Pero, después de todo, ¿qué era Inglaterra?”, se preguntaba la novelista Irene Rathbone.
A finales del siglo XIX, se esperaba que las mujeres se casaran: era “la máxima aspiración en la vida de una mujer”, para “lo que había nacido”, “el matrimonio era el modo de vida normal.” Las ilusiones iban desde la preparación de la boda y las damas de honor al color del vestido para la "luna de miel".
Por otra parte, el mercado laboral no ofrecía posibilidad de emanciparse: “Para ser respetable, una mujer podía convertirse en institutriz o en dama de compañía, pero en nada que tuviese que ver con el comercio”,  escribe Virginia Nicholson. Y continúa: “Una hija soltera de clase media viviría en casa cuidando a unos padres (…) hasta que murieran, y (…) si era afortunada, le dejarían lo justo para mantenerse  (…) En caso contrario, buscaría entre sus familiares a algún hombre que se sintiera moralmente obligado a mantenerla”.
 El temor y crítica del mundo masculino a las mujeres solteras aumentó según fueron demostrando su capacidad de ganar dinero: “como consecuencia de una tragedia histórica, dejaron de depender económicamente de los hombres y se vieron obligadas a construir su propia identidad y su futuro bienestar”.
Pero fue un proceso difícil y paulatino: “En 1917, la directora del instituto femenino Bournemouth se dirigió a una asamblea de sexto curso (la mayoría guardaba luto por algún miembro de su familia) de la siguiente manera: “Voy a deciros algo terrible. Sólo una de cada diez de vosotras se casará (…) Casi todos los hombres que se podían haber casado con vosotras está muertos. Debéis abriros paso en este mundo lo mejor que podáis”. 
Rosamund Essex escribiría en sus memorias, sesenta años después: “No habría maridos, ni niños, ni sexo”.

"Todos los informes de la época dan por supuesta la escasez de hombres y que las mujeres percibían el terreno de la seducción como un campo de batalla en el que el fracaso significaba la perdición. La prensa hizo su pertinente y malévola aportación, agitando las cifras del censo de 1921" con titulares como ”El problema de la mujer del excedente: dos millones que nunca serán esposas”; incluso sugirió que las mujeres “sobrantes” debían ser enviadas a las colonias. Florence Underwood (de la Liga de las Mujeres Libres), escribía al Daily Chronicle: “Decir que una mujer sobra, simplemente porque no se ha casado, es una impertinencia”. 
Incluso una destrozada Vera Brittain se vio en este equívoco tratando de conocer más detalles sobre la muerte de su hermano a través del que había sido su coronel: en el hospital, “rondaba a los pies de su cama” y aprovechaba cada oportunidad para hablar con él, pero se mostraba “engreído, frío y distante. Parecía creer que la pretensión de cada mujer que conocía era casarse con él”. 
Proliferaban anuncios interesándose por caballeros mutilados de guerra, etc.: “cualquier marido era mejor que ninguno”. 
Unos dos millones de mujeres habían sustituido a los hombres en las fábricas, como mecánicas, conductoras de autobús... Pero había un consenso generalizado sobre la devolución de esos trabajos a los hombres cuando volvieran de la guerra: "Las mujeres que protagonizan este libro aprendieron a no ser dependientes de sus maridos (…) entendieron esto como una necesidad vital, y al hacerlo muchas de ellas se reinventaron valientemente.”

Cartel de 1917. Howard C. Christy (1873-1952). Biblioteca del Congreso. La Armada de los Estados Unidos comenzó a solicitar mujeres para determinados servicios durante Gran Guerra (http://en.wikipedia.org/wiki/Yeoman_(F)
Muchas aunaron fuerzas, y comenzaron a vivir en parejas de amigas, por economía pero también buscando apoyo; se asociaron para defender sus intereses, por ejemplo en el tema de las pensiones. Y en los años 20 iniciaron un cambio de imagen: melenas más cortas, moda de aires masculinos… Pero no sería sólo estético.
Años 20: charleston en un escenario londinense
Se había concedido el voto a las terratenientes mayores de treinta años en 1918; pero la mayoría de los hombres “consideraba que reconocer el derecho al voto para las mujeres era algo antinatural”. Habrían de pasar unos cuantos años más.
En el último capítulo, que titula "El espléndido ejército de las mujeres", Virginia Nicholson cita unas palabras de Doris Lessing recordando "con ira" el desastre que fue la Primera Guerra Mundial en su autobiografía ("Bajo mi piel", 1994):
Vidas sin vivir. Niños sin nacer. Con qué perfección hemos olvidado el daño que hizo la guerra a Europa. Pero aún vivimos con él. Quizá si "la flor de Europa" (como se los llamaba) no hubiera muerto, y aquellos hijos y nietos hubieran nacido, no estaríamos viviendo ahora en el continente tal mediocridad, desorden e incompetencia.

For many of the ‘Surplus Two Million’, being denied marriage was a liberation and a launching pad. If they had not refused to be marginalised, women might still lack the professional, political and social status that they have today. Instead, in the twenty-first century, women feel empowered by history to expect the equality, respect and rights accorded to them by law and justice. Through sheer force of numbers, they steered women’s concerns to the top of the agenda, and there they have remained (de la página web de Virginia Nicholson).
Cronológicamente, han pasado 100 años. Es un gran trabajo sobre nosotras, las mujeres; cómo, paradójicamente, la tragedia de una guerra mundial abrió el significado de nuestras vidas; sobre reinventarse; sobre las leyes que regulan derechos. El reconocimiento de nuestra igualdad como personas que respiramos no brota de las fuentes ni de los árboles espontáneamente, ni han sido regalos de Navidad: son luchas muy concretas de personas muy concretas, ha habido que luchar por ellos, que pelear, que estar ahí, a  precios muy altos la mayoría de las veces.
Para recordar que no es fácil, que nunca es  fácil.

Enlaces
-Entrevista con Virginia Nicholson (nieta de Vanessa Bell, la hermana de Virginia Wolf):
http://www.dailymail.co.uk/home/books/article-1024405/INTERVIEW-Meet-Virginia-Nicholson-author-Junes-book-Singled-Out.html
-Página de Virginia Nicholson:
http://www.virginianicholson.co.uk/singled-out