domingo, 18 de agosto de 2013

1. Craiglockhart: encuentro y poesía

Mientras escribo esta entrada desde muy temprano, se va cumpliendo el aniversario del encuentro de dos poetas en circunstancias que ninguno de ellos hubiese imaginado jamás. Como diría mi admirada Lola Robles, una muy buena escritora de relatos y de ciencia-ficción: “Si os hubiese contado que un terremoto afectaría a la central nuclear de Fukusima, que a continuación vendría un tsunami, y que la inundación acabaría de dejar sin control a la central, que se produciría la fusión parcial de los núcleos de los reactores, explosiones de hidrógeno,... habríais dicho: “”Hala, Lola…desde luego, qué imaginación..." ¡Pues ya véis!”

Ese encuentro significaría varias cosas para los dos hombres, pero poéticamente fue un revulsivo para la escritura de Wilfred Owen, que le convertiría en el poeta mejor considerado de la época y en la primera referencia de los War Poets.
Siegfried Sassoon es ya un poeta conocido cuando se inicia la Gran Guerra. Como escribió otro de sus camaradas poeta, Edmund Blunden: "Ningún poeta de la Inglaterra del siglo XX era al principio más romántico y floral que el joven Siegfried Sassoon de Kent" ("La Gran Guerra y la memoria moderna", Paul Fussell, Turner, 2006).


Izquierda: Siegfried Sassoon, en 1915 (fotografía de G.C. Beresford)  
Derecha:   Retrato de 1917 (G.W. Philpot)
     
De una familia más que acomodada económica y socialmente, Siegfried pasó su juventud dedicado al cricket, la caza del zorro y la poesía. Su paso por Cambridge, donde empezó Derecho y también estudió Historia, sin licenciarse, lo menciona "más o menos en una frase", concreta Paul Fussell.
Al día siguiente de declararse la guerra con Alemania (5 de agosto de 1914), Siegfried viste ya de uniforme. La instrucción es para él "pan comido", acostumbrado a los bosques, los caballos, las armas. Pero en el frente el giro es espectacular: de sus amigos más íntimos, sólo sobreviven dos, contando a Robert Graves, que tiene su propio itinerario fúnebre, ya que se le dio por muerto en un episodio muy conocido y afortunado.

Teniendo en cuenta que el promedio de supervivencia de un oficial joven –si no recuerdo mal- no llegaba a los cuatro meses, en julio de 1917 Sassoon no puede más: ha visto morir a decenas de sus soldados, ha sido herido en varias ocasiones, arrastra la llamada “neurosis de guerra” o shell-shock (estrés postraumático), es un oficial adorado por los soldados de las unidades por las que ha ido pasando, por su dedicación y valor; su arrojo temerario es bien conocido, y entonces… aparece el “Manifiesto de un soldado”, un escrito que dirige a sus oficiales superiores, publica la prensa y es leído en el Parlamento.

Siegfried espera las consecuencias. El escrito denuncia el curso de la guerra y hace graves acusaciones sobre su prolongación. Sabe que es su billete directo a un consejo de guerra, y espera el desenlace con serenidad. Sorprendentemente para él –ya le dedicaremos más espacio a Siegfried  y su statement-, de consejo de guerra, nada, y acaba delante de un tribunal médico, que resuelve muy oportunamente enviarle  a un hospital de descanso para oficiales en Escocia, cerca de Edimburgo, un antiguo balneario con pistas de golf y alrededores de ensueño: Craiglockhart.
Vista de Craiglockhart, actualmente Universidad Napier, Edimburgo. 
Fuente de la fotografía: www.yourlocalweb.co.uk

Era sábado, 18 de agosto de 1917, quizá media mañana, como hoy, cuando Wilfred Owen se anima a acercarse al dormitorio de Siegfried Sassoon y presentarse. Esta es la descripción que nos deja de su admirado poeta, en carta de fecha 22 de agosto, dirigida a su primo y amigo Leslie Guston: "Es muy alto e imponente, con una cabeza esculpida (¿cómo es eso?), firme, magnífica y con un pelo castaño corriente. La expresión habitual de su rostro es de aburrimiento (...) ¡tiene treinta años y parece que tuviese menos de veinticinco!"


Hoy también se cumplen seis meses del fallecimiento de una mujer extraordinaria y muy querida, Margarita Moreno.