domingo, 8 de febrero de 2015

La guerra monta un caballo bermejo: Vicente Blasco Ibáñez

Cuando abrió el segundo sello, oí al segundo viviente que decía: Ven.
Salió otro caballo, bermejo, y al que cabalgaba sobre él le fue concedido desterrar la paz de la tierra, y que se degollasen unos a otros, y le fue dada una gran espada.
                                         Apocalipsis 6:3-4 (Nacar-Colunga)  


 "Los cuatro jinetes del Apocalipsis". Viktor Vasnetsov, 1887

En 1914, Vicente Blasco Ibáñez llega a París dejando atrás su fracasado intento de sacar adelante dos explotaciones agrícolas en Argentina. Allí quedaba la posibilidad que le había impulsado a abandonar España; su activismo político consecuente con cuanto había visto como niño y estudiante en las calles de Valencia: miseria, ignorancia e injusticia. También sus arengas, encarcelamientos, persecuciones, su “liderazgo entre las filas republicanas”, su escaño de diputado,  su diario El Pueblo contra “el orden anquilosado de la Restauración”, como registra Emilio J. Sales Dasí en el prólogo de “Cuentos de la Gran Guerra”, que le considera

“… uno de los escritores que legó a la posteridad una visión más precisa, y al mismo tiempo más atroz, de la Primera Guerra Mundial fuera, precisamente, un español (…) dedicó su pluma a apoyar la causa aliadófila (…) Le impulsaban a ello su declarada afinidad con una nación que identificaba como cuna de los ideales de libertad y del republicanismo (…) un conflicto que, en su opinión, surgió como consecuencia de la prepotencia germana y que aspiraba a instaurar un orden terriblemente injusto”.


“En el prólogo que redactó para su edición de 1923 de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, explicaba el novelista que dicha novela surgió como resultado de la entrevista que mantuvo con Raymond Poincaré. Según sus propias palabras, el presidente francés le animó a visitar el frente de batalla, “pero no para escribir en los periódicos. Eso pueden hacerlo muchos. Vaya como novelista. Observe, y tal vez de su viaje nazca un libro que sirva a nuestra causa”. Era 1915, y el Presidente francés conocía a nuestro escritor porque había leído Sangre y arena y era amigo de Herélle, traductor de Blasco.


Gracias a Poincaré, puede ver “todo el inmenso escenario de la batalla del Marne, cuando aún estaban recientes las huellas de este choque gigantesco. Por sus recomendaciones viví en un pueblecito cerca de Reims, donde estaba el cuartel general de Franchet d'Esperey, jefe del quinto ejército”.
“La escritura volvería a ser el medio adecuado para permitir su propia supervivencia”, de nuevo escribirá para la prensa: “Desde París enviaba a Valencia crónicas y fotografías para que la editorial Prometeo fuera publicando semanalmente fascículos de su Historia de la guerra europea de 1914. Los cuatro jinetes, Mare Nostrum y Los enemigos de la mujer fueron sus novelas “serias” ambientadas en la gran conflagración”.

Los cuatro jinetes del Apocalipsis “pasó desapercibida” en España. Pero en 1918, Charlotte Brewster Jordan, estadounidense afincada en Argentina que viaja a España para perfeccionar el idioma, conoce a Vicente Blasco Ibáñez y le compra los derechos para editar la novela en Estados Unidos. Charlotte misma traduce la novela, que se edita en diciembre de 1918. Su publicación es un gran éxito, y se convierte en el libro más vendido en 1919. Según el Publishers Weekly, Tebbel y otras publicaciones, en ese primer año se vendieron medio millón de ejemplares.
Fotografía de la revista Life, 1920

El éxito es arrollador. Conferencias por Estados Unidos, Doctorado Honoris Causa por la Universidad de Washington, algún medio llega a pagarle a mil dólares el artículo… Ramiro Reig, autor de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928). Promotor de rebeldíasnos instruye sobre su impresionante repercursión:
Se vendían ceniceros, corbatas, pisapapeles, con motivos alusivos a la novela, y todo el mundo quería conocer al autor."
En 1921 se realizaría la versión cinematográfica (sin sonido y en blanco y negro) en Hollywood, dirigida por Rex Ingram y adaptación de June Mathis. Entre los actores, uno de los papeles protagonistas fue interpretado por Rodolfo Valentino, para quien la película resultaría determinante para su carrera cinematográfica.

En el prólogo a su Historia de la guerra europea de 1914 (Prometeo, Valencia, 1915), escribe Vicente Blasco:

“Nunca se han visto chocar y morir tantos hombres juntos en un terreno de operaciones tan vasto. La mitad aproximadamente del género humano está en guerra en estos momentos directa o indirectamente. De los 1.700 millones de seres que constituyen la población del globo, 854 millones (entre metrópolis y colonias) se odian y gastan su dinero para exterminarse (…)
Todos los cambios internacionales aparecen dislocados; las grandes bolsas están cerradas; los pagos entre las naciones (aun aquellas que se mantienen en la neutralidad) resultan difíciles, si es que no están suspendidos; el dinero se ha ocultado; el crédito no existe. ¿Cuánto va a costar esta guerra monstruosa, desencadenada por el imperialismo?..."

Félix Vallotton. "Cimetiere Militaire Châlons-sur_Marne", 1917

“La Historia es una resurrección”, decía Michelet. En la presente Historia no hay que resucitar nada. Los hombres y los hechos están aún con vida ante nosotros. No hemos de interrogar a muertos (…) Los que no rodean están vivos o son moribundos que aún pueden hablar y dicen la verdad de los últimos momentos”.

Tras la Guerra Civil,
“Su memoria fue borrada, sus libros prohibidos, su familia perseguida y sus bienes incautados. Las obras realizadas hasta ese momento en el mausoleo fueron destruidas y el solar donde se asentaba, en un lugar privilegiado del Cementerio municipal. Fue utilizado años más tarde para construir el crematorio. A pesar de todo ello, sus restos se conservaron, y reposan en la actualidad en un nicho ordinario, casi anónimo, en el cementerio civil de Valencia” [biografía escrita por José L. León Roca].

Pero unos años antes, la República Española había repatriado sus restos desde Francia a Valencia. El 29 de octubre de 1933, con la asistencia del Gobierno de la República, según recoge Ramiro Reig en su biografía “miles de personas, todos sus personajes, ocupaban las aceras para decirle adiós.” 
Su féretro fue llevado a hombros por pescadores del Grao.