martes, 6 de enero de 2015

Luciano de Samósata. La verdadera y verídica naturaleza de los habitantes de la Luna

“… sobrevino un tifón que arrastró a la nave en su torbellino y la lanzó por los aires como unos trescientos estadios, y ya no la dejó caer sobre el mar; sino que, suspendida en lo alto en el aire, fue presa del viento que impulsaba las velas y combaba la tensa lona”.

cabalgabuitres                  pulguiarqueros               lechuguialados                            
                      gorrioniboludos                 tallisetas                 
nubicentauros

Éstas son parte de las huestes que combaten en los espacios estelares, uno de los primeros episodios de esta pasmosa aventura.
“Luciano de Samosata, al escribir Relatos verídicos, recurre a la fantasía desbordante y al delirio: vientos huracanados que impulsan a un barco a desplazarse por los aires hasta llegar al espacio, el encuentro de la tripulación con los “cabalgabuitres” (gendarmes de la frontera lunar), la visita al palacio de Endimión (el rey de la Luna de origen griego), la guerra contra el rey del Sol (Faetonte)” [Ricardo I. Paredes].

En su edición de Viajes a la Luna. De la fantasía a la ciencia-ficción, Carlos García Gual nos explica que "la peculiar abundancia de criaturas extrañas es una creación de Luciano, pero es fácil, para un filólogo conocedor de la literatura griega anterior, rastrear la procedencia y abolengo de la mayoría de ellas. Luciano es un literato singularmente afecto al pastiche y a la parodia."
Una vez en la Luna, y aunque Endimión "nos animaba a quedarnos a su lado", permanecen siete días más. 
Y es entonces cuando Luciano pasa a contar "las rarezas y maravillas que observé durante mi estancia en la Luna", igual que Heródoto había hecho con los egipcios:
"Hay entre ellos una raza de hombres, a los que llaman "arbóreos" (...) rebanan el testículo derecho de un hombre y lo plantan en el suelo, y de él nace un árbol altísimo (...) sus frutos son bellotas del tamaño de un codo. Cuando ya están maduras (...) descortezándolas, extraen a los hombres de esta clase. Además tienen sus órganos sexuales artificiales: los unos los tienen de marfil y los pobres de madera". 

En septiembre asistí al taller impartido por Carlos García Gual, especialista en antigüedad clásica y Literatura. Divertido, didáctico y amable, el último día nos deleitó con Luciano de Samósata (s. II, Siria), “el último narrador griego… una prosa ligera, ágil (….) no un revolucionario, sino un espíritu burlón”.

Luciano es "un escritor helenizado, que conoce muy bien la literatura anterior, nacido en la época de Marco Aurelio; en Asia Menor “hay enormes teatros...”

Y continúa Luciano con sus experiencias en la Luna:
“Entre ellos se considera guapo al que está calvo y pelón, mientras que les inspiran repugnancia los melenudos. En los astros cometas (…) consideran hermosos a los melenudos (…) Les sale barba, un poco, en las rodillas (…) sobre sus nalgas tienen todos plantada una enorme col, a modo de cola, siempre rozagante, y que no se espachurra si uno se cae de espaldas”.
“Utilizan su barriga como zurrón, metiendo en ella cuanto necesitan. Porque tienen que abrirla y cerrarla, pues no guardan tripas ningunas (...) está forrada por dentro con un vello espeso, de modo que los niños pequeños, cuando hace frío, pueden guarecerse allí.”
“(...) los selenitas no nacen de mujeres, sino  de los hombres. Porque los matrimonios son entre varones y ni siquiera conocen el nombre de mujer. Hasta los veinticinco años cada individuo actúa como esposa, y a partir de éstos como marido. No se quedan preñados en el vientre, sino en las pantorrillas (…) empieza a engordar la pierna y, al pasar el plazo de tiempo, la abren de un tajo y sacan los fetos muertos; pero los colocan de cara al viento con la boca abierta y recobran la vida. Me parece que de ahí les vino a los griegos el nombre de “pantorrillas” {nota de C.García Gual: En esa fantasía de la pantorrilla como matriz tal vez haya un eco del nacimiento mítico de Dioniso, alumbrado del muslo de Zeus.

“En cuanto a los ojos, no me atrevo a decir cómo los tienen, no sea que alguno piense que cuento mentiras, por lo inverosímil del relato; pero con todo lo voy a contar. Tienen los ojos desmontables, y el que lo desea se los quita y los guarda hasta que necesita ver, y entonces se los pone de nuevo y ve. Y muchos, cuando han perdido los suyos, piden otros prestados, y así ven con ojos ajenos. También hay algunos, los ricos, que tienen muchos ojos de repuesto”.

Y es que Luciano ya nos lo había advertido desde el principio:
“(…) en una sola cosa seré veraz: en decir que miento. Me parece que así escaparé a la acusación de los otros, al reconocer yo mismo que no cuento nada verdadero. Escribo, por tanto, de lo que ni vi ni comprobé ni supe por otros, y es más, acerca de lo que no existe en absoluto ni tiene fundamento para existir. Con que los que me lean no deben creerme de ningún modo”.

Los dioses, las diosas, los habitantes de la Luna y Luciano de Samosata acompañen nuestras jornadas.

"En cuanto rozamos el agua, nos regocijamos al máximo y exultamos de alegría. E hicimos una fiesta a bordo, y nos salimos del barco y nos echamos a nadar, pues entonces reinaba la calma y estaba el mar sereno".

"Viajes a la Luna. De la fantasía a la ciencia-ficción". Edición de Carlos García Gual. Biblioteca ELR Ediciones, 2005 (traducción de Carlos García Gual).
Aproximación a Luciano de Samosata en la Revista Pliego Suelto por Ricardo Iván Paredes.