viernes, 19 de diciembre de 2014

Poeta de guardia XXV: Luis Cernuda




No decía palabras,
acercaba tan sólo un cuerpo interrogante
porque ignoraba que el deseo es una pregunta
cuya respuesta no existe,
una hoja cuya rama no existe,
un mundo cuyo cielo no existe.

La angustia se abre paso entre los huesos,
remonta por las venas
hasta abrirse en la piel,
surtidores de sueño
hechos carne en interrogación vuelta a las nubes.

Un roce al paso,
una mirada fugaz entre las sombras,
bastan para que el cuerpo se abra en dos,
ávido de recibir en sí mismo
otro cuerpo que sueñe;
mitad y mitad, sueño y sueño, carne y carne,
iguales en figura, iguales en amor, iguales en deseo.

Aunque sólo sea una esperanza,
porque el deseo es una pregunta cuya respuesta nadie sabe.



Siempre me ha gustado esta fotografía. Seis jóvenes, con sus cuerpos jóvenes -y no tan jóvenes-, corren hacia la cámara. En sus rostros se lee la timidez, la alegría, la ilusión, la fuerza de la vida; y esa mañana, esa tarde, están en bañador en la playa. 
Aunque sea 1937.

La vi por primera vez en un impresionante texto de Andrés Trapiello, publicado en la revista Clarín. En él hablaba, claro está, de la fotografía, de Luis Cernuda; de qué pasó con cada uno de ellos. Qué fue de ellos.


“Es él quien ocupa el centro de la escena. A su derecha está Blanca Pelegrín y a su izquierda Carmen García Lasgoity; ambas han pasado su brazo por la cintura del poeta, como él ha entrelazado a su vez la cintura de las dos. Junto a Blanca está Víctor María Cortezo, Vitín Cortezo, el íntimo amigo de Cernuda, y junto a Carmen está Manuel Altolaguirre, quien a su vez abraza por el hombro a la otra Carmen del grupo, Carmen García Antón. La foto fue tomada por el mítico fotógrafo Walter Reuter. Sólo la vida de este hombre, que murió a la edad de noventa y nueve años hace dos, daría para una gran novela.Sin duda la de todos esos personajes fue novelesca."



Manuel Altolaguirre editó revistas en la imprenta del Monasterio de Montserrat durante la Guerra Civil, y también libros como “Cancionero menor para los combatientes”, de Emilio Prados, y “España, aparta de mí este cáliz”, de César Vallejo.

En febrero de 1939, cruzó la frontera francesa. Tras pasar por un campo de concentración, se reúne con su familia en París, gracias a la mediación de la Asociación de Escritores Antifascistas de Francia. Ayudado por Paul Eluard y Pablo Picasso, entre otros, salen camino de Cuba, concluyendo su periplo en Méjico dos años después. Apunta Andrés Trapiello: “El impresor por cuyas prensas habían pasado libros de todos los poetas de su generación, acabaría dejando su oficio para dedicarse al del cine. Tampoco podía sospechar que cuando regresara a España en 1959 para presentar en el festival de San Sebastián una película sobre San Juan de la Cruz, la muerte le estaría esperando en forma de accidente de coche en la carretera general a la altura de Burgos.

“A Vitín Cortezo le encontraremos colaborando en la revista fascista Vértice el mismo “año de la victoria”, 1939, y a partir de entonces en múltiples proyectos del teatro nacional de esos años, sin que ninguno de sus antiguos amigos le reprochara que lo hiciera, porque lo sabían, tan disparatadamente wildeano, un hombre que con ponerse a salvo de su “moralidad” en aquella España del nacionalcatolicismo tan contraria a ella, tenía bastante.” 

Y escribe Marcos Ordóñez, en un artículo sobre el escenógrafo y figurinista: “Su abuelo era el doctor Cortezo, con monumento en el Retiro, calle en Madrid y Toisón de Oro impuesto por Alfonso XIII. Y pisazo en Recoletos 18 (…) Se le recuerda dibujando compulsivamente, dentro y fuera de escena, en las barras de los bares, en los clubes de travestis de Tirso de Molina, y regalando luego sus dibujos (…) Última anécdota y última época, ya en los setenta: Vitín saltando al interior de un furgón policial durante una redada de homosexuales mientras proclama “Aquí hay que darse prisa, niñas, que luego cogen los mejores sitios.”
"Carmen García Lasgoyti fue otra más de esas ancianas que abonándose en su acabamiento a los actos de la Residencia de Estudiantes actual se diría que perseguían aún algo de lo mucho que les había sido arrebatado injustamente."

"Carmen Antón se exilió en Buenos Aires, donde ha muerto hace sólo unas semanas [2007]. Dejó publicadas sus memorias, que nos ponen ante una mujer inteligente y bondadosa, pero también ante la fragilidad de todas las vidas, apenas un puñado de arena que el viento mueve de sitio, o de cenizas, las suyas, que fueron esparcidas por decisión de la actriz junto a la estatua que García Lorca tiene en un parque de Buenos Aires."


Ambas lucen en la solapa el emblema de La Barraca. 


"¿Vivirá o habrá muerto Blanca Pelegrín?  Este silencio ilustra también el que ha pesado sobre las vidas de muchas mujeres de esa época. Alguien conocerá sus historias completas. ¿Se exilaría Blanca Pelegrín como Cernuda sin volver a España o moriría fuera de ella como Carmen García Antón? ¿Se quedaría como Cortezo? ¿Se exilaría y volvería a España como Altolaguirre? ¿Se haría apátrida y vagamunda como Reuter?"

La fotografía la tomó Walter Reuter. La playa era la Malvarosa.

Luego, lejos, tarde, solo, otra fotografía, en una playa de Méjico.













Cernuda partiría al exilio (…) No pudo sobreponerse a un ambiente que encontraba política y moralmente inaceptables (…) Jamás regresó a España y el día que murió los periódicos mejicanos le despidieron con notas más breves aún que los anuncios por palabras.

Por eso me rebelo cuando veo cómo inauguran sus exposiciones, sus aniversarios, gente que nunca le apreciaron, que dicen que lo han leído, que jamás han luchado por la igualdad, que no creen en ella.

Andrés Trapiello: "Una fotografía"

Marcos Ordóñez: "Especies (casi) extinguidas. Vitín Cortezo"

Olga Alvarez: "Carmen Antón, de La Barraca a Buenos Aires"