lunes, 17 de febrero de 2014

En memoria de Margarita Moreno

Una madrugada como ésta, de domingo a lunes, hace un año, Margarita falleció de repente, sin que pudiéramos hacer nada. 
Éste es el texto que su hija mayor leyó, tras el funeral:
"Lo primero de todo es daros las gracias, en su nombre, por estar aquí.
Esta es una breve reflexión que mi hermana y yo dedicamos a nuestra madre y que queremos compartir con vosotros.
Ninguna de las dos podríamos haber imaginado tener una madre mejor, ni su nieto una mejor abuela.
Siempre fue una mujer dedicada a nosotros y nos educó, junto a mi padre, en unos valores de honradez, trabajo y esfuerzo. Jamás vimos, en ninguno de ellos, ni envidias ni maledicencia. Supo hacer suya a la familia de mi padre, por la que siempre tuvo un gran cariño.
Mi madre, además, demostró ser una mujer excepcional por ser capaz de tener una acogida maternal con nuestros dos hermanos, nuestros amigos y aquellas personas con las que, en un momento u otro, mi hermana y yo decidimos compartir nuestra vida. Como solía decir “algunos no me entienden, pero yo duermo muy tranquila”. Para todos tenía siempre una sonrisa y una palabra cariñosa.
Honró y amó a sus padres y a su suegra, a la que quiso como una segunda madre y que la ayudó tanto con nosotras dos, pudiéndose decir que nos criaron “al alimón”; se desvivió por sus hermanos y fue una tía muy querida por sus sobrinos. 
Amó y nos hizo amar los libros, “su Madrid”, el tapeo y el Museo del Prado al que nos arrastró varias veces, además de acompañarme la primera vez que yo llevé a mi hijo. Sin olvidar su espléndida mesa en la que tanto disfrutaba cuando conseguía reunirnos a todos.
Fue una mujer de sólidas creencias religiosas, por eso le dedicamos este homenaje póstumo en la parroquia a la que acudía todos los domingos y días de precepto. Solía decirnos: “Menos mal que estoy yo aquí para rezar por todos, panda de descreídos”.
Ayer una amiga me dijo ”Veinte años después en V[...] aún se habla y se recuerda a tu padre”. Veinte años más y se acordarán y hablarán de los dos.
Porque los dos fueron simplemente, y no es poco en los tiempos que corren, dos buenas personas".

No recuerdo una crítica. No recuerdo una mala palabra. Me sorprendía su sentido de lo justo, su preocuparse exclusivamente por lo que de verdad importa. Conocía la realidad de la vida mucho más de lo que expresaba. Tenía convicciones pero no ideas fijas ni postulados incomprensibles. 
Siempre me sorprendió su calidez y aceptación. Nunca me sentí extraña en su casa, y echo de menos su presencia y nuestras largas conversaciones, que en mi inocencia creía que se repetirían casi a través de los siglos. Creo que le habría gustado este blog, y que me habría hecho sudar con sus interesantes y cultas aportaciones.
Sus flores preferidas eran las margaritas y nosotros.