domingo, 12 de abril de 2015

"La serpiente de hierro". Documental de Ayo Cabrera.

No había oído hablar de Ayo Cabrera ni de La Serpiente de Hierro.
Me llegó el correo electrónico de una amiga que aprecio mucho, en el que informaba de la exhibición de este documental en una asociación. Mi confianza en ella y en su criterio, y que lo presentara como “sobre las mujeres en Kenia y sus estrategias de resistencia” me animó a verlo.

La Serpiente de Hierro tiene que ser “de hierro”, como la voluntad y la perseverancia, como esas “mala salud de hierro”.

El documental se inicia con la introducción de los puntos de partida de algunos de los vecinos del pueblo de Syumille, Kenia. El documental no es “sucio”, no se muestran imágenes de dolor, dramáticas, insoportables.



Vamos recorriendo espacios rurales y limpios donde se prepara comida cuando la hay. Cito de memoria, mientras recuerdo a un hombre que cava en una tierra sin agua:
 “Yo les digo a mis hijos, cuando me dicen que tienen hambre y no tengo nada que darles, que no piensen el hambre que tienen hoy, que piensen en el mañana. La educación les dará una vida mejor”. Le faltó 1 euro para matricular a su hija. Además, en el colegio, los niños se aseguran una comida al día.

También visitamos a una madre que acaba de dar a luz. El niño no tiene un peso normal. Su rostro es de cera.

De pronto, algo sucede. Lo llaman la "estrategia comunitaria”. Es un programa diseñado y apoyado por el Gobierno de Kenia, muchas instituciones, la ONU, grupos…

Puede que me equivoque con las cifras exactas, pero alrededor de 48 mujeres y 2 hombres, voluntarios, del pueblo –de la comunidad- son seleccionados por los vecinos –por la comunidad- para recibir unos conocimientos suficientes y muy efectivos que les permitan paliar el hambre, mejorar la higiene, las enfermedades que provoca el agua contaminada, y hacerla potable; el VIH, las prácticas perjudiciales de los curanderos.

Y comienza el espectáculo. Es notable ver a un hombre con problemas oculares y desdentado hacer entender a sus vecinos cómo funciona el VIH, con sencillez y constancia. Constancia y sencillez.

Una mujer pregunta: “¿Pero el condón es para hombres o para mujeres?”
“Para hombres”, contesta él, sin dudar y sin reírse. Insiste en la importancia de hacerse pruebas para detectar el VIH: “Y si no quiere ponérselo, cuando él venga, tú sacas el que llevas siempre contigo y se lo pones”.
Más adelante, este voluntario dice: “Hay que insistir y tener paciencia con ellos… poco a poco.”


En un grupo de mujeres se habla: “Cuando viene mi hombre, yo no le digo nada de la prueba. Le preparo la comida que más le gusta, vamos a dormir, y al rato le despierto y le digo.”

Ves a un voluntario joven llevar en su moto, por una pista de tierra, a la madre y al niño recién nacido al hospital. Sí: van los tres en la moto, y una cuarta mujer. Lo hace cuando es una urgencia, cualquier día, a cualquier hora. El niño ganó kilo y medio en una semana en el hospital. La madre pidió el alta para volver al pueblo con sus otros cuatro hijos, aunque los atendía una voluntaria, que trató de hacerla cambiar de opinión.

Es el mismo voluntario joven que da de comer a una anciana que ha perdido la vista, cómo la anima a sentarse y a comer, cómo le dice primero quién es, de qué se conocen. Saben que ella y sus familiares no han comido nada en una semana. Dice, en otra secuencia:
“La clave… es sacrificarse… que entiendan lo que hacemos… al ver que no hablamos, cuentan lo que ocultan…”
“Es lo que tienen…” (lo que tenemos, añadiría yo).

El documental finaliza con breves textos acerca de los resultados de la estrategia comunitaria. El 96% de las enfermedades relacionadas con la contaminación del agua desaparecieron.
“Vamos a cambiar la situación”, decía con convicción uno de los voluntarios.
Y una de las vecinas: “Es el cambio lo que me hace permanecer aquí.”
Y otra: “Son las madres las que cambiaremos Kenia.”
“Lo cambiamos poco a poco… no podemos abandonarlo.”

Los promotores de salud, voluntarios, son la  serpiente de hierro de su propia comunidad.

Ayo Cabrera, en la presentación del documental 
en la Universidad de Valladolid, finales de 2014


Guiada por la confianza en mi amiga, una serpiente de hierro me mostró qué es una estrategia comunitaria:
-    Compromiso con la comunidad (“es lo que tienen”)
-    Sencillez (“que entiendan lo que hacemos”)
-    Constancia (“no podemos abandonarlo”) 

Dar con la clave.


Dicen que la Primera Guerra Mundial no terminó en 1918, que su fecha de terminación real coincide con la de la Segunda.
Hay una gran guerra que no ha terminado, que se perpetúa: la del hambre, la del bienestar de los otros, de todos, que sólo mejora con la concienciación, y el compromiso de los miembros de nuestra comunidad más cercana, como nos enseña Syumille y su serpiente de hierro.