lunes, 8 de agosto de 2016

Erich Maria Remarque: "Tres camaradas" (I)



"El cielo era amarillo, como de latón; no lo ennegrecían aún las humaredas de las fábricas tras cuyos tejados brillaba con gran luminosidad. Pronto saldría el sol Miré la hora. No eran aún las ocho. Había llegado con quince minutos de anticipación."

Es el cumpleaños de Robert Lohkamp; 30 años, concretamente.

Hace doce, pues, que concluyó la Primera Guerra Mundial o Gran Guerra; estamos en 1930, y Robert trabaja en un taller de coches con otros dos amigos, camaradas de las trincheras: Gottfried Lenz y Otto Koester.

Robert echa la vista atrás, y en una cuartilla, repasa sus pasados cumpleaños, sus otros cumpleaños desde que cumpliera los dieciocho y fuese llamado a filas:

“La verdadera vida no se inició hasta 1916 (…) yo era un recluta de dieciocho años, enteco y larguirucho; hacía instrucción a las órdenes de un mostachudo oficial en los eriales detrás del cuartel (…) Una de aquellas tardes se presentó mi madre en el cuartel para visitarme; pero hubo de esperar una hora larga. Yo no había preparado mi mochila como disponía el reglamento y, por tanto, se me había castigado a limpiar las letrinas durante el paseo. Ella quiso ayudarme pero no me lo permitieron (…) lloró amargamente, y yo sentí tanto cansancio que me quedé dormido a su lado."
Erich Maria Remarque, con uniforme del Ejército alemán,
con su perro Wolf (1918 ó 1919)
Imagen: http://www.nyu.edu/ (New York University)


"1917: Flandes. Middendorf y yo habíamos comprado una botella de tinto en la cantina. Queríamos celebrarlo. Sin embargo, no nos dio tiempo. Hacia el alba, los ingleses desencadenaron un intenso cañoneo. Al mediodía, Koester cayó herido; Meyer y Deters murieron por la tarde. Hacia el anochecer, cuando creímos tener ya la suficiente tranquilidad como para descorchar la botella, llegó el gas y se filtró entre los refugios subterráneos. Tuvimos el tiempo justo para ponernos las máscaras, pero la de Middendorf estaba averiada (…) Murió a la mañana siguiente: tenía el rostro verdinegro y la garganta lacerada, pues había intentado abrírsela con las uñas para airar aire.

1918: estancia en el hospital de sangre (…) Vendas de papel. Heridas atroces (…) Junto a mí yacía Josef Stoll. Le faltaba una pierna, pero él no lo sabía aún. (…) sentía mucho dolor en un pie inexistente. Por la noche expiraron dos heridos en nuestra sala. Uno lo hizo con extremada lentitud y laboriosidad."



Berlín, enero 1919
Imagen: www.ww1-propaganda-cards.com

"1919: vuelta a casa. Revolución. Hambre. Afuera, el incesante tableteo de las ametralladoras. Soldados contra soldados. Camaradas contra camaradas. 1920: insurrección. Fusilamiento de Karl Broeger. Arresto de Koester y Lenz. Mi madre, hospitalizada. Ultima fase del cáncer."




Diario de 28 de julio de 1923:
Un dólar estadounidense equivalía a un millón de marcos alemanes

"1921…
Me detuve a reflexionar. No saqué nada en limpio. Sencillamente, aquel año se había esfumado de mi memoria. Fui ferroviario en Turingia durante 1922 y jefe de publicidad en una fábrica de caucho durante 1923. Esto último coincidió con la inflación. Allí gané mensualmente doscientos billones de marcos. Entonces cobrábamos dos veces cada día, y a renglón seguido se nos concedía media hora de permiso para que corriéramos hacia las tiendas y compráramos todo lo posible antes de que pareciese la nueva cotización del dólar, porque si nos retrasábamos unos minutos, nuestro dinero valdría sólo la mitad.”

Billete de 100 billones de marcos alemanes, 1924
Fuente: Reichsbank



No es ésta una novela cuartelaria. 
Apenas se mencionan sucesos de la Gran Guerra, y los transcritos son los más significativos.

Es una novela sin fisuras, bien construida, ágil; y también una descripción fiable de la sociedad de esos años, sin adornos.

Es, desde luego, una novela sobre la amistad; sobre el respeto, el apoyo, la solidaridad.
Sorprende por la madurez de sus personajes, sus conversaciones; bastante distantes, a pesar de las circunstancias terribles que les rodean, de egocentrismos, distracciones y conductas evasivas a las que nos estamos acostumbrando ahora, en nuestra propia época.

Los personajes de "Tres camaradas" buscan vivir, aunque sea sobreviviendo; buscan momentos reales, echar el resto para vivir, para poder decir que se está viviendo.

Y es también una novela sobre el amor. El amor que empieza desde la confusión, esa confusión que desconcierta con el primer encuentro, que altera el día a día, que trastoca nuestro discurso interior.


“Se oyó chirriar el portón. Me apresuré a romper la cuartilla que encuadraba aquellas fechas memorables de mi vida y arrojé los fragmentos a la papelera. La puerta se abrió de golpe. En su marco apareció Gottfried Lenz…, enjuto, larguirucho, con melena de color pajizo y una nariz que parecía haber sido destinada a un hombre completamente distinto.
-¡Robby! –rugió-. ¡Viejo truhán! ¡Incorpórate y despabílate! ¡Tus superiores quieren hablar contigo!
-¡Dios todopoderoso! –exclamé levantándome- ¡Tuve la esperanza de que no os acordaseis! ¡Tened misericordia, bergantes!
(…) Koester llegó pisándole los talones. Lenz se irguió ante mí y preguntó:
-Dime, Robby, ¿quién ha sido la primera persona a la que encontraste esta mañana?
Tras breve cavilación, repuse:
-Una mujer vieja y danzante.
-¡San Moisés! ¡Es un pésimo presagio! Pero escucha tu horóscopo. Lo compuse ayer mismo. Eres un nativo de Sagitario, un individuo poco fiable, una paja al viento con sospechosos trígonos en Saturno y un Júpiter sumamente deteriorado este año. Puesto que Otto [Koester] y yo representamos el papel de tus padres, te entrego primeramente algo a modo de protección. ¡Toma este amuleto! Antaño me lo traspasó una descendiente de los incas (…)”




Remarque, Erich Maria. “Tres camaradas”. 
Plaza & Janés, S.A., Editores. Noviembre 1978, 2ª edición.
Título original:“Drei Kameraden”, 1936.
Traducción de Manuel Vázquez.

sábado, 16 de julio de 2016

Los bosques de la herrumbre de Aled Rhys Hugues

© Aled Rhys Hugues. 
Pequeñas banderas de Gales como homenaje a los soldados muertos y heridos.

En los bosques de Aled Rhys Hugues, los proyectiles sobresalen de la tierra, desafían el abrazo centenario de las raíces de los árboles, los restos de los soldados de la Gran Guerra hace tiempo que calcifican el subsuelo; los campesinos aran con precaución los campos conocedores de lo que no ha destruido el tiempo. 
© Aled Rhys Hugues. 


Ahí siguen las sinuosidades de las trincheras, las formas onduladas de los búnkeres; se conservan en bosques como el de Mametz, en el norte de Francia.
 © Aled Rhys Hugues. 

Soldados alemanes muertos en un bunker destruido en las cercanías de Guillemont (septiembre 1916). Colecciones del Imperial War Museum.


En su artículo de 7 de julio, Lucy Ballinger nos trasladaba a un lugar muy concreto del tiempo y el espacio: Julio de 1916, Somme, Francia. 

La Batalla del Somme es una de las más caóticas, largas (duró varios meses) y sangrientas de la Gran Guerra. En su inicio se consideraba una ofensiva estratégica y necesaria. 
El 1 de julio de 1916, primer día de la Batalla del Somme, murieron más de 19.000 soldados, y fueron heridos o desaparecieron  casi 38.000.
Los datos de los soldados alemanes son imprecisos, pues al parecer realizaban recuentos cada diez días; se estiman alrededor de los 6.000 muertos en la línea de avance de los británicos.
Una semana antes, la artillería británica había disparado alrededor de millón y medio de proyectiles, y excavado galerías por debajo de las líneas alemanas, rellenándolas con explosivos.

Voladura de la primera galería, 1 de julio de 1916
Colecciones del Imperial War Museum

Para cuando se concluyeron los distintos episodios de esta Batalla (noviembre), el avance británico había sido contenido, adentrándose únicamente alrededor de 8 kilómetros. Las cifras de soldados de todos los ejércitos, escalofriantes.
© Aled Rhys Hugues. 
Proyectiles con carga y detonadores semienterrados entre las raíces de los árboles, y restos de botas del Ejército en la parte superior.

Ruinas de la población de Pozieres, agosto 1916.

Lucy Ballinger centra su escritura en los soldados galeses que combatieron en el Somme, concretamente en Mametz Wood. Murieron o fueron heridos 3.993 hombres.
Durante cinco días intentaron sacar del bosque a los alemanes, fuertemente atrincherados en él. Los galeses entraron en ese combate sin haber pegado un solo tiro, ni casi durante la instrucción; enfrente les esperaban soldados profesionales.


Aled Rhys Hugues ha visitado Mametz Wood todos los veranos durante cinco años desde 2009. 
Se ha encontrado con diferentes tipos de munición, granadas y detonadores. 

Fotógrafo profesional, es profesor de fotografía en el Bridgend College,  Gales. Durante los últimos treinta años ha realizado exposiciones individuales y colectivas en la Biblioteca Nacional de Gales, la Mission Galery de Swansea y en Kuala Lumpur, entre otros lugares.

Quiso captar  con una "more traditional, old camera" (entiendo que no digital) la particular atmósfera de las 80 hectáreas de bosque que recorrió: Estaba allí, y aunque yo estaba en Francia, sentía como que estaba en Gales, había una conexión.
["I was there and although I was in France I felt like I was in Wales, there was a connection."]

En estas fechas, especialmente en los últimos días, todo se mueve. 
La incertidumbre económica y política, y la violencia más totalitaria nos amenaza, y no sólo a nuestra concepción del mundo, ni a la Europa en que vivimos. Vease Bagdad y Kabul, casi a diario.

Desde estas fotografías, los árboles de Mametz Wood nos recuerdan lo peor de nuestra naturaleza, como preguntándonos qué hemos aprendido en los últimos cien años; y si vamos a aprender, juntos.




Artículo de Lucy Ballinguer, BBC News, Gales:

Página de Aled Rhys Hugues:

"Mametz Wood". Christopher Williams, 1918.

domingo, 29 de mayo de 2016

Las aves del amor y Jean Genet



Al borde de mi gorra una ramita de avellano
Cruzada de través me cosquillea la oreja.
En tu cuello yo escucho un ave balbuceante,
Y en el sendero, erguidos, dormitan mis caballos.

Absorto acariciando la espalda de la mar
(Se moja mi sandalia de mal cosida ala)
Siento mi mano plena bajo tu ardor musgoso
Llenarse de rebaños en el aire invisibles.

Pacerán mis corderos de tu flanco a tu cuello,
ramoneando una hierba fina y del sol quemada,
Se comban en tu voz las flores de la acacia
El néctar de sus ecos va la abeja a robar.

Mas el pabellón verde de nómadas del mar
Velar debe en un sitio, prenderse de los polos.
Agitar el azul y la noche, empolvar tus espaldas,
En tus pies arenosos abrir corrientes de aire.

Para auparme desnudo por zarcas escaleras
Solemnes y abismado en esa ola de sueños
Harto de naufragar a un palmo de mis labios
Se durmió el horizonte en tus brazos cruzados.


De "Un canto de amor". A Lucien Sinémaud.
"Jean Genet. Poemas". Versión y prólogo de Antonio Martínez Sarrión. 
Visor, Madrid, 1996.





Con William Burroughs y Allen Ginsberg. 
Manifestación de apoyo a los "Panteras Negras". Chicago, 1968.



Tumba de Jean Genet en el Cementerio Español, Larache, Marruecos.
© Didier Morin



Artículo de Jose Angel González en +20minutos.es con motivo de la exposición sobre el poeta del MUCEM de Marsella:
http://www.20minutos.es/noticia/2725025/0/jean-genet/30-aniversario-muerte/exposicion/


Imagen: http://www.rugusavay.com/jean-genet-quotes/

domingo, 17 de abril de 2016

Poeta de guardia XXXIV. Amparo Arróspide.

FRAGMENTOS FELICES

En los burdeles del desahogo bailarines con pantalones glastnov ensayan reconciliación y malevaje, pero las nubes bajas no se enteran. No amanecerá un instante de algarabía. Ritmos van y vienen, entregándose a un público de llamas. Ah de los rojos y negros, del licor dulcísimo y la arenga papal. Al palo borracho, ceiba speciosa, le queden los escrúpulos, el fulgor de una balanza donde pesar ética o invoución o eurovisión. Aún así, por qué desprenderse de los satélites sin haber aprendido a incendiar circuitos cortos. Ni de largo la presentación en sociedad de una turba de cortinas entintadas en sangre.


Cabeza vendada, voy siguiendo un rastro de hombres amamantando leopardos por el carril derecho, pero la canica, el ojo engarzado en la frente, un centellear. El sombrero se vuela la nuca y nadie sueña con lavar los pies al público, besar sus llagas.

*
Voy por el monte con los pies por delante y no me obligan a apretar el paso. Es de hormigas el discurrir, un cardo en el acabóse de las playeras, y si bien se mira  no hay sitio ni para el espacio. Sin el tiempo  o contra él, un reloj se para a contemplar el horizonte. ¡Trabaja sol! Trabaja sombra, quítales respiro. Trabaja sombra, desnúdales colores, despojando no se llenan los bajeles del tesoro.  Cuando vengan a buscarnos hallarán huellas de meticulosidad, carcomas ciegas en los desvanes del arroyo, cartapacios de pinos atados con cordeles de música. 


Aquí entonaríamos una victoria hueca, soplando hasta el asfalto mientras los diales de treinta lavadoras automáticas hacen un buche de colibrí. Si tuvieran lo que hay que tener pero no llegan. Y qué más da el sino, el paripé.

*
Cuando anochece, las tejas se quitan el aliento del musgo, se remueven los goznes del monte bajo, una cabra levita en la acepción más burda. No hay perdón para el manso ni orquesta en la crinolina. Señoritos del desdén se hacen cruces y pérgolas pero en las cunas madres venidas de quién sabe dónde han puesto maracas con semillas de gomero. En los arzobispados del tejemaneje se pegan sobres hasta la aurora dorada, sin cuidarse del festín de los murciélagos  siguen regando los festones del folclor.

Ay de la sentencia atrabiliaria, ay de la obrera en el panal! Cayeron en la última red de estadistas junto con las bolsas de mendrugos. Cayeron y caerán las ansias por recorrer los surcos de las meninges sin dejarle ni una miga al hipocampo.  Y por tal sinrazón llegan a recobrar la memoria los más niños, con gran alegría prófugos.
© Amparo Arróspide.




Amparo Arróspide publicará en breve En el oído del viento (Baile del Sol) y Jacuzzi (Amargord). 

Practica el collage, el cruce de géneros y la mixtura de estilos, y acude a talleres de poesía en Madrid. 


Cree que la cultura puede ser una forma de religión, pero no que la incultura sea una forma de democracia.

sábado, 9 de abril de 2016

La pasión de Marga Gil Röesset.


Nada sabía de Marga Gil Röesset. 
De las ocho mujeres que aparecen en el documental "Las Sinsombrero", todas me eran conocidas, empezando por la divertida y artística Maruja Mallo. 

Imagen tras imagen, me impactó la belleza, originalidad, minuciosidad y maestría de sus dibujos, y me parecía imposible no haber oído nada acerca de ella; que no fuese un nombre, una mujer, una artista muy reconocida en nuestro país.


El prodigioso talento sobresalía por encima de las notas de su propia vida; Ana Serrano, familiar y comisaria de la exposición de la obra de Marga en el Círculo de Bellas Artes de Madrid (2000), escribe, acertadamente, que no podía quedarse en “un capítulo” de la vida de otros, sino en darla a conocer “con el mejor de los argumentos, con su obra, va a convencer ella misma.”

En el prólogo del catálogo de esa exposición, impresiona su delicado y emocionado relato, su profundo compromiso con el legado artístico y la persona de Marga; los concienzudos y extremadamente bien dirigidos pasos con ese fin, “sin herir a nadie”.

En “Artistas y precursoras. Un siglo de autoras Roësset”, Nuria Capdevila-Argüelles recorre prácticamente lo que sería una saga de “mujeres Roëset”, al menos de cuatro de ellas: María Röesset Mosquera (MaRo), tía de Marga, cuyo autorretrato cuelga en el Museo del Prado; Marisa Röesset Velasco, prima, también pintora (a la que espero poder dedicar una entrada); la propia Marga Gil Roëset; y Consuelo Gil Röesset, su hermana, a quien Ana Serrano recuerda como “escritora de cuentos, catedrática de inglés (…), editora de “Antoñita la Fantástica”, que tocaba el violín y hablaba múltiples idiomas”, que murió “a los 90 años, lúcida, hermosa."
“Las dos hermanas hablaban cuatro idiomas”, y su madre, “a Consuelo le pedía poemas y a Marga dibujos a cambio de la merienda, de un premio.”

 "El niño de oro" (1921). Ilustración de Marga Gil Röesset.


En 1921, con doce años, Marga ilustra “El niño de oro” y, en 1923, “Rose des Bois”, ambos escritos por su hermana Consuelo; el último,“editado por Plon, una de las más importantes editoriales de Francia" (Ana Serrano).

“Rose des Bois” (1923). Ilustración de Marga Gil Röesset.

Nuria Capdevila-Argüelles nos señala su precoz y deslumbrante itinerario: “El aire demacrado y siniestro acompaña a las ilustraciones de Rose des bois aunque hay una clara evolución artística entre los dos libros (…) Todos los dibujos, 11 a toda página y 27 a menor escala, están hechos con tinta china y siguen el orientalismo de moda “.

 "El niño de oro" (1921). Ilustración de Marga Gil Röesset.

Marga, por supuesto, cambia, crece, evoluciona:  “En poco más de diez años, menos de la mitad de su corta vida, Marga Gil pasa del papel, la acuarela y la tinta a la escayola y el granito y también del modernismo a la vanguardia.” 

 "El niño de oro" (1921). Ilustración de Marga Gil Röesset.

Con 22 años, Marga presenta su escultura “Adán y Eva” en la Exposición Nacional de Bellas Artes:
“Marga aparece como escultora y artista independiente por primera vez vez en 1930. Su trabajo causa furor (...) En la misma entrevista en la que se define como precursora ("trabaja sin recibir influencias de nadie"), declara no creer “en el amor simultáneo de dos corazones”. Afirma que puede enamorarse pero le parece difícil coincidir con una persona que le corresponda y complete el amor. Le parece que “en esto hay siempre un sacrificado” que acepta la ofrenda de amor del otro. “Ella no espera hallarlo”.
Se trata de una entrevista con Rosa Arciniega de Granda, publicada en el semanario "Crónica" en junio de 1930: “Marga declara que su trabajo refleja ideas y no personas y explica que intenta siempre esculpir “de dentro afuera”, para concluir que sus figuras “llevan el esfuerzo de querer manifestar su interior.”


Su obra se ve “como la de una persona ya formada, de una artista consagrada… sorprende porque no se espera que una mujer tan joven pueda hacer lo que hace ella…[la crítica] en cierto modo, la virilizan… su talento es un talento masculino (…) expresar , de manera tan profunda, el dolor, el desamparo."

"Adán y Eva" (1930). Marga Gil Röesset.

A comienzos de 1932, Marga conoce a Zenobia Camprubí y a su marido, Juan Ramón Jiménez. Ella y Consuelo la admiraban desde pequeñas, por sus traducciones de R. Tagore.

No puede centrarse la revisión y conocimiento de una figura como Marga Gil Röesset en sus sentimientos por Juan Ramón Jiménez. 
Marga se enamoró, o creyó estarlo, o se obsesionó con el autor.

Existen páginas escritas con escaso rigor y fortuna sobre este asunto que no se detienen en considerar la creatividad y genialidad de una obra excepcional, y prefieren centrarse en un episodio de desenlace desgraciado, aunque fuese de transcendencia para Marga y definiese, fatalmente, el final de su vida:
"Lo que un talento así puede marcar y desequilibrar a una criatura de 24 años…”, anota Ana Serrano, a lo largo de su prólogo.

"La mujer del ahorcado" (1932) "muestra una mujer desnuda, arrodillada, con los brazos alzados y doblados hacia atrás (...) como si estuviesen sosteniendo las piernas de un hombre ahorcado e impidiéndole morir, asiéndole a la vida." Nuria Capdevila-Argüelles.


La mañana de su muerte, se acercó al domicilio de los Jiménez-Camprubí y conversó brevemente con el poeta, dejándole un manuscrito de sesenta y cinco páginas. El propio Juan Ramón Jiménez escribiría, tiempo después: "me dijo: "No lo leas ahora".

Marga destruyó prácticamente la totalidad de sus obras, incluidas fotografías de las mismas, y se suicidó disparándose en la cabeza.


En 1933, Consuelo Gil Röesset publicó "Canciones de niños" (en francés y español), con ilustraciones de Marga y música de su marido, José María Franco.

"El perro de terciopelo" (1932).
 Ilustración de Marga Gil Röesset para "Canciones de niños".

"Las cerezas" (1932). 
Ilustración de Marga Gil Röesset para "Canciones de niños".
En la esquina inferior izquierda se aprecia la firma de Marga.


No os sorprendáis: sí, os recuerdan a "El Principito", de Antoine de Saint-Exúpery, publicado... en 1946.
En opinión de Ana Serrano: “¿Conoció Saint-Exupéry las ilustraciones de Marga? Es más que probable que sí.”



Las sesenta y cinco páginas que Marga entregó a Juan Ramón Jiménez no se conocieron hasta 1997, momento en el que Blanca Berasátegui publicó, en el ABC Cultural, facsímiles de algunas de ellas, en un reportaje titulado "Historia de Marga": 
"Están escritas a mano, con letra grande, a lápiz, algunas indescifrables, llenas de puntos suspensivos, de frases inacabadas."

Graciela Palau de Nemes, traductora de los manuscritos en inglés de Zenobia, conocía su existencia:
 "Se le puede llamar "Diario" porque se dan algunas fechas, pero incompletas: "Miércoles 22", "lunes noche" (...) Se ve que está escrito hacia el final, cuando Marga decide quitarse la vida (...) Los primeros textos son cortos, los últimos, largos (...) también representan la imaginación de Marga, cómo quisiera que fueran las relaciones entre los dos."
Fotografía: Luis García CC BY-SA 3.0 es

Este "Diario" de Marga tiene su propio periplo, pues al exiliarse Zenobia y Juan Ramón en 1936, su casa en la calle Padilla fue saqueada, desapareciendo el "Diario" y manuscritos de ambos escritores. Blanca Berasátegui deja constancia de que José María Pemán "intervino activamente para que se le restituyeran las cosas al poeta". 
Ninguno de los dos volvería a España, pero el "Diario" llegó a manos de los herederos de Juan Ramón Jiménez.

En el documental de "Las Sinsombrero" (Tània Balló, Manuel Jiménez Núñez y Serrana Torres), Nuria Capdevilla-Argüelles cree que "no es posible saber, a ciencia cierta, por qué una persona decide quitarse la vida (...) hay un componente común en esos escritos finales, y es que reflexiona sobre un ideal de autoría, un ideal de vida artística, que piensa que no va a poder cumplir. Y al no poder cumplirse, decide acabar con su vida.”

Y en su libro, respecto a las páginas conocidas como "Diario": 
"Marga da forma escrita a sus pensamientos sobre la relación entre vida y obra del artista (...) se lamenta de estar "[...] tan poco de acuerdo conmigo misma" y añade que "[...] la crítica de yo a yo es realmente sangrienta".



Cuando supe que Ana Serrano había titulado su introducción al Catálogo "La pasión de Marga Gil Röeset 1908-1932” (por la película “La pasión de Camille Claudel"), quise cambiar el título de esta entrada; pero, al final, no pude.

Porque después de leer el libro de Nuria Capdevila-Argüelles, numerosos artículos, y antes de encontrar  la página de la propia Ana Serrano (lo último que leí sobre Marga), “Pasión” era la palabra elegida,"Pasión" es la palabra. 
Es la que mejor describe (fuego, fiebre) ese yo creativo, esa fuerza de "escogida" que la hacía crear, dibujar y esculpir “de dentro afuera” como la deslumbrante artista  que es ya para siempre; y la mujer joven, extraordinaria, que fue.



Página de Ana Serrano sobre Marga Gil Röesset:
http://perso.wanadoo.es/margaroesset/

Ana Serrano habla sobre Marga Gil Röesset:

Documental “Las Sinsombrero  (Las mujeres de la Generación del 27)”
Publicación de Algun día en alguna parte:
https://www.youtube.com/watch?v=3HCfe__C7E0
Corte dedicado a Marga Gil Röesset: a partir minuto 12:40

Página de RTVE (incluye documental "Las Sinsombrero" y otros contenidos):
http://www.rtve.es/lassinsombrero/es

http://www.lassinsombrero.com/
"una producción única en España, un proyecto crossmedia, que utiliza diferentes formatos y plataformas (televisión, internet y publicación), con el objetivo de recuperar, divulgar y perpetuar el legado de las mujeres olvidadas de la primera mitad del siglo XX en España."

Entrevista de Sofía Pérez Mendoza a Tània Balló:                  
http://www.eldiario.es/cultura/feminismo/Sinsombrero-artistas-olvidadas-generacion_0_488551823.html
"Uno de los objetivos del proyecto transmedia (…) es la entrada de Las Sinsombrero en las aulas. “Es la parte más ambiciosa, la más difícil” (…) Ya es hora de dejar de utilizar el falaz argumento de la calidad para explicar la menor presencia de las artistas en la cúpula”.


Tània Balló ha publicado recientemente el libro "Las Sinsombrero. Sin ellas la historia no está completa" (Espasa).

viernes, 18 de marzo de 2016

Wilfred, Wilfred.

Fotografía: Michael St Maur


All a poet can do today is warn.
("Todo lo que un poeta puede hacer hoy es alertar.")



"Preludio en sol menor". Sergei Rachmaninoff.
Pianista: Valentina Lisitsa.


Enlaces a otras entradas:
"Dulce et decorum est" (2). Experimentar.
Mientras amanece este día (...)

jueves, 18 de febrero de 2016

En recuerdo de Margarita Moreno



Y la muerte no tendrá dominio.
Los que hace tiempo yacen
bajo los dédalos del mar no han de morir entre los vientos,
retorcidos de angustia cuando los nervios cedan,
atados a una rueda no serán destrozados;
la fe, en sus manos, ha de partirse en dos,
y habrán de traspasarles los males unicornes;
rotos todos los cabos, ellos no estallarán.
Y la muerte no tendrá dominio.

Y la muerte no tendrá dominio.
Y las gaviotas no gritarán en los oídos
ni romperán las olas sonoras en las playas;
donde alentó una flor, otra flor tal vez nunca
levante su cabeza a los embates de la lluvia;
y aunque ellos estén locos y totalmente muertos
sus cabezas martillearán en las margaritas;
irrumpirán al sol hasta que el sol sucumba,
y la muerte no tendrá dominio.


Dylan Thomas

Versión de Elizabeth Azcona Cranwell
Fuente: amediavoz.com, página creada por Graciela Henao Londoño