miércoles, 31 de diciembre de 2025

Hermann Hesse: A un joven alemán (1919)

 

George Grosz: Una víctima de la sociedad, 1919


Me escribe usted que está desesperado y no sabe qué hacer, qué creer ni qué esperar. 

No sabe si Dios existe o no. No sabe si la vida tiene algún sentido, no sabe si la patria tiene o no sentido, no sabe si es mejor buscar bienes espirituales o simplemente llenar la barriga, ya que todo el mundo parece desquiciado.

Yo creo que el estado en que se encuentra su alma es absolutamente normal. No saber si hay un Dios, no saber si existe el bien y el mal es mucho mejor que saberlo con exactitud.

William Open: Zonnebek, Flandes, 1918


Hace cinco años, si usted puede recordarlo, sabía con bastante exactitud que había un Dios y probablemente sabía también con gran exactitud qué era el bien y el mal, y como, naturalmente, hacía lo que consideraba el bien, participó en la guerra.

Y desde entonces, y durante cinco años, dedicó los mejores años de su juventud a practicar aquel bien, disparó, atacó, durmió sobre el duro suelo, enterró a algunos camaradas, ganó algunos camaradas, y poco a poco el bien empezó a resultar dudoso y en según qué momentos no estaba claro si este magnífico bien que usted practicaba no era en el fondo un mal o una tontería y una gran insensatez.

Y lo era, en efecto. 


François Flameng: Regreso de un vuelo nocturno en bombaderos "Voisin", 1918


El bien que usted conocía entonces con tanta precisión no era evidentemente el verdadero bien, el bien eterno e indestructible; y el Dios que usted conocía entonces no era evidentemente el verdadero.

Es probable que fuera el dios nacional de nuestros consistorios y poetas de guerra, aquel dios que se apoya dignamente en los cañones y cuyos colores favoritos son el negro, blanco y rojo. 

Era un Dios, ciertamente, un Dios gigantesco, mayor que el propio Jehová, y le fueron ofrecidas en sacrificio centenares de miles de víctimas ensangrentadas, en su honor se abrieron en canal centenares de miles de vientres y agujerearon centenares de miles de pulmones {...}


Hans Baluschek: Hospital de campaña, 1915


¿Hay alguien que haya pensado y se haya extrañado del modo en que nuestros teólogos llevaron hasta la tumba durante estos cuatro años de guerra su propia religión, su propio cristianismo? 

Servían al amor y predicaban el odio, servían a la humanidad y confundían a la humanidad [...] Probaron (no todos, naturalmente, pero sí sus portavoces) con astucia y con muchas palabras que la guerra y el cristianismo son perfectamente compatibles, que se puede ser un verdadero cristiano y al mismo tiempo disparar y matar a la perfección. 

Sin embargo, lo cierto es que no se puede  [...]


Otto Dix: Centinela muerto en las trincheras, 1924


¡No crea que deseo reprochar nada a nadie! Mi intención es sólo exponer, no acusar.

Esto no es habitual entre nosotros, que sólo estamos acostumbrados a gritar, acusar, odiar.
La gente de nuestro tiempo -nosotros los alemanes igual que todos los demás- hemos aprendido el arte fatal de buscar la culpa en los otros siempre que las cosas nos van mal [...]

Usted y yo, el emperador y el párroco, todos hemos colaborado y no tenemos nada que reprocharnos mutuamente.

Frederick Varley: Prisioneros alemanes, 1918-1920


Si usted reflexiona ahora sobre dónde podría encontrarse un consuelo y un Dios y una fe nuevos y mejores, en su soledad y desesperación actuales verá inmediatamente claro que la iluminación no puede venir otra vez desde fuera [...] Tampoco puede venir de mí.

Solamente puede encontrarla en usted mismo. Ahí está, en su interior, en usted vive el Dios que es más sublime y eterno que el Dios patriota de 1914. Los sabios de todas la ápocas lo han anunciado constantemente [...]

Este Dios se encuentra también en usted, se encuentra especialmente en los angustiados, en los desesperados como usted. No son los mediocres los que sufren en tiempos de aflicción. No son los mediocres los que ya no están satisfechos con los dioses y los ídolos del pasado.


Sobre la guerra y la paz
Traducción: Pilar Giralt
Editorial Noguer, S.A., 1977